El miedo a la relajación

Hay personas que cuando están aprendiendo o quieren aprender a relajarse (siendo la relajación una sensación tan grata), empiezan a tener miedo a “abandonarse”, a dejar el cuerpo laxo, a perder el control y/o dejarse llevar, etc. e incluso llegan a experimentar vértigo.

Debemos tener presente que ese miedo es, en realidad, irracional, pues no se tiene más control que cuando se busca a propósito la pérdida de control (esto es, cuando se hacen cosas para buscar esas sensaciones). Nadie está haciendo nada por nosotros cuando nos relajamos. El terapeuta sólo es el inductor, sin ejercer ningún tipo de control (frente a lo que algunas personas puedan creer). Por lo que, en realidad, relajarse implica la expresión máxima de control (a diferencia de cuando estamos siendo controlados externamente o cuando estamos paralizados por algún factor o agente externo). Esto lo puede comprobar uno mismo, empezando a relajarse y, en un momento dado, cuando lo prefiera o necesite, empezar a moverse y a tensarse otra vez.

Y, sin embargo, aprender a relajarse es tan útil y eficaz que merece la pena aprender a realizar correctamente el procedimiento (siguiendo siempre las pautas e instrucciones del terapeuta). Las ventajas (saber controlar nuestros niveles de activación para poder afrontar o desenvolvernos correctamente en diferentes situaciones) superan, con creces, los posibles inconvenientes (que simplemente se refieren al tiempo de entrenamiento y al pequeño esfuerzo inicial que hay que hacer para superar esos miedos).

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