El tratamiento psicológico en los servicios de Atención Primaria

En varias ocasiones, en este mismo blog, he mencionado la importancia de que los psicólogos recurran siempre a tratamientos psicológicos basados en la evidencia científica. En este sentido Psicofundación se ha propuesto fomentar la aplicación de la psicología científica en Atención Primaria (de aquí en adelante “AP”) desarrollando un proyecto piloto para abordar los problemas emocionales, lo cual es, sin duda, un paso importante digno de todo reconocimiento.

En la revista “Ansiedad y Estrés” puede encontrarse el artículo (*) en el que Cano-Vindel hace una revisión y un análisis de la literatura científica sobre los Desórdenes Emocionales (de aquí en adelante “DE”) que incluyen los trastornos de ansiedad y los trastornos del estado de ánimo (trastorno depresivo mayor y distimia). Lo importante de este artículo es que se relaciona un alto nivel de estrés o de emociones negativas (ansiedad y tristeza, especialmente) con estos DE. Dicho de otra manera, muchos de estos DE están relacionados con factores como condiciones laborales adversas (estrés laboral, desempleo, acoso laboral, etc.), problemas de pareja (divorcio, discusiones, etc.), falta de apoyo social, etc. que provocan reacciones emocionales muy negativas. Tal y como se quiere explicar en el artículo, estas emociones inicialmente cumplen el papel de activar al organismo para promover el cambio. Las emociones constituyen, al fin y al cabo, un cambio en nuestro estado basal de activación o de equilibrio que precisamente tiene lugar para que el organismo se vea en la “necesidad” de promover un cambio que devuelva precisamente el equilibrio. Sin embargo, cuando persisten las condiciones negativas (bien porque no dependen del individuo y éste carece totalmente de algún control sobre ellas o bien porque no tiene un buen manejo de las mismas) se inicia un proceso caracterizado por la presencia continuada de ese afecto negativo y de una alta activación fisiológica. Esto, a su vez, puede conducir a un elevado sesgo atencional o interpretativo que puede promover o agravar aun más el problema.

Y tal y como comenta Cano-Vindel, si este problema no es atendido, es muy probable que la persona desarrolle una sintomatología que hace que muchas personas acaben acudiendo a los servicios de AP (el autor habla de las altas cifras de prevalencia de los DE en AP). El problema es que hasta ahora estos problemas se han venido abordando, especialmente, con tratamiento farmacológico y si bien reduce parte de esa sintomatología (afecto negativo y/o activación fisiológica), sólo lo hace de manera temporal y sin ayudar a modificar el problema real (que pasaría por modificar las condiciones ambientales de la persona o sus conductas de afrontamiento a tales condiciones). En este sentido, una intervención psicológica en la que se enseña a las personas a manejar sus emociones, a afrontar situaciones problemáticas, etc. puede ser más eficaz y eficiente que el tratamiento farmacológico tradicional. Obviamente, hablamos de intervenciones siempre basadas en la evidencia científica.

Como yo ya he comentado en varios artículos de este blog, ya existen diferentes programas de tratamiento psicológico de los DE en los servicios de AP en algunos países como Reino Unido, Estados Unidos o Australia que han demostrado ser más eficaces y eficientes que el tratamiento convencional. En lo que a nuestro país se refiere, los llamados “trastornos mentales” presentan una alta prevalencia (45,1% a lo largo de toda la vida y 30,2% en los últimos 12 meses, siendo los más prevalentes el trastorno depresivo mayor y el trastorno de pánico). Dos tercios de los pacientes con este tipo de problemática son atendidos en AP, donde el tratamiento farmacológico es el protagonista (el cual, además, no siempre tiene evidencia científica suficiente que respalde su uso -sólo un tercio cumple los criterios de mínima adecuación-). Por el contrario, es minoritario el tratamiento psicológico empíricamente validado (sólo el 0,9% de los pacientes con un trastorno de ansiedad recibe tratamiento exclusivamente psicológico y el 39% no recibe tratamiento directamente). Sólo hay que fijarse en las figuras de los Psicólogos Internos Residentes en los centros de salud u hospitales: ¿cuántos hay en su hospital o centro de salud más cercano? Y a estos datos hay que añadir el hecho de que con este tratamiento convencional (farmacológico) se alcanza una alta tasa de abandono así como de recaídas. Por ello estos trastornos tienden a cronificarse e incluso a dar lugar a nuevos desajustes (explicando la tan elevada comorbilidad con otros trastornos y/o condiciones físicas crónicas). Asimismo, las consultas de AP se saturan (de hecho, este tipo de pacientes frecuentan las consultas 19,1 veces más que los ciudadanos sin DE). No hemos de olvidar tampoco que estos problemas producen un elevado grado de discapacidad (mayor incluso que el de las enfermedades físicas) y generan altos costes económicos (bajas laborales, incapacidad laboral transitoria, jubilaciones anticipadas, etc.), por no mencionar el abuso y la dependencia de psicofármacos (lo que ocurre es que cabría preguntarse si el estado considera esto una ventaja o inconveniente desde el punto de vista económico -para más información, ver el vídeo “El Marketing de la Locura – Vendiendo la Enfermedad” en este mismo blog-), así como otros problemas sociales y familiares asociados.

El sistema sanitario público español, como Cano-Vindel apunta, adolece de una serie de problemas: bajo presupuesto sanitario, escasez de psicólogos y exceso de gasto farmacéutico. Por poner un ejemplo: el número de psicólogos por 100.000 habitantes es 16,8 veces superior en Bélgica que en España (32 vs. 1,9) o un 76,1% inferior a la media europea. Y, sin embargo, tenemos la mayor demanda de consultas a psiquiatría y psicología por DE. Y el problema es que estas personas, además de no recibir una atención sanitaria de calidad, ni siquiera reciben información adecuada sobre sus problemas (uno de los principales componentes de los tratamientos eficaces).

Los tratamientos psicológicos, por su parte, han demostrado su eficacia en Atención Primaria (AP). Así lo estableció un meta-análisis realizado con más de 34 investigaciones y un total de 3.962 pacientes atendidos en los servicios de AP por problemas de ansiedad y depresión. El estudio fue realizado por un equipo de investigadores de la University College London (publicado en la revista BMC Medicine). Con respecto al tratamiento psicológico de elección, la terapia conductual es la que más respaldo científico está recibiendo, pues numerosas investigaciones (que se vienen realizando desde hace décadas), han constatado la eficacia y eficiencia de las técnicas de modificación de conducta. Cano-Vindel habla de “terapia cognitivo-conductual” (que es como popularmente se la conoce), aunque permítanme resumirlo en “terapia conductual”, pues cuando hablamos de conducta “cognitiva” no dejamos de hablar de conducta (al fin y al cabo es comportamiento, encubierto, pero comportamiento, siguiendo las mismas leyes y procesos de aprendizaje).

(*) Referencias:

– Cano-Vindel, A. (2011). Los desórdenes emocionales en Atención Primaria. Ansiedad y Estrés, 17, 73-95.

– Cape, J., Whittington, C., Buszewicz, M., Wallace, P. & Underwood, L. (2010). Brief psychological therapies for anxiety and depression in primary care: meta-analysis and meta-regression. BMC Medicine (en prensa).

(*) Artículos relacionados:

– “El avance real tendría lugar si se plantease la desmedicalización” – Entrevista a María Xesús Froján Parga (http://www.infocop.es/view_article.asp?id=2949).

– “Un nuevo estudio vuelve a cuestionar la eficacia de los fármacos antidepresivos frente al placebo” (http://www.infocop.es/view_article.asp?id=2739).

– “Expertos reclaman un nuevo modelo asistencial con presencia de psicólogos en Atención Primaria” (http://www.infocop.es/view_article.asp?id=2309).

Anuncios

2 comentarios en “El tratamiento psicológico en los servicios de Atención Primaria

  1. Pingback: Uno de cada cinco trabajadores padece enfermedades mentales | Gala Almazán Antón

  2. Pingback: ¿Test genético para el tratamiento de la depresión? | Gala Almazán Antón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s