¿Destino o camino?

Muchas personas creen que su vida está marcada por un destino y que “hagan lo que hagan, acabará cumpliéndose”. Es una forma respetable de entender la vida, pero nosotros queremos ofrecer otra posibilidad mucho más sana y adaptativa.

Es cierto que las personas nos vemos influidas por factores del entorno que escapan muchas veces de nuestro control (sucesos inesperados, cambios imprevistos, acontecimientos, etc.), pero aun en esas circunstancias, nosotros podemos influir en cómo transcurran dichos acontecimientos. Prueba de ello es el hecho de que personas diferentes reaccionen de forma distinta ante un mismo acontecimiento, obteniendo por ende consecuencias bien dispares. Y nuestra responsabilidad es hacernos cargo de esas consecuencias y afrontarlas, para aprender también de cara al futuro. Por tanto, si bien nos vemos influidos por numerosos factores (muchos de los cuales nos hacen reaccionar incluso de forma automática), nosotros podemos influir también en nuestro entorno, introduciendo cambios en él. Y pese a que muchas veces nos vemos envueltos en situaciones imprevistas, seguimos teniendo capacidad de decisión y de reacción (siempre y cuando seamos adultos sanos), por lo que en nuestras manos está cómo manejemos esas situaciones. De hecho, es responsabilidad de cada uno su forma de abordarlas.

Con respecto a los automatismos (aquellas reacciones reflejas que manifestamos bien por predisposición biológica o genética o bien por efecto de un sobreaprendizaje), hay gente que los denomina “reacciones inconscientes”. Yo diría, más bien, que pueden hacerse conscientes en cuanto se piensa sobre ellas (y en cuanto tienen un efecto sobre nosotros -una función sobre nuestra conducta-), por lo que no tiene sentido llamarlas “inconscientes”. Son automatismos, respuestas reflejas, impulsivas, muy rápidas, etc. pero de las que podemos tomar conciencia en cualquier momento y, por supuesto, modificar (no sin esfuerzo). Es el caso de muchos hábitos que pasan desapercibidos precisamente por llevar mucho tiempo haciéndolos de la misma manera. Esto no implica que no se pueda pensar sobre ellos ni que no se puedan cambiar. Lógicamente, supone una inversión de recursos (cognitivos, tiempo y esfuerzo), pues por un lado compite todo el tiempo que llevamos llevando a cabo un determinado hábito con una conducta muy reciente que todavía no hemos automatizado (por lo que el cuerpo “tenderá hacia lo conocido”), pero no es imposible de hacer, ni mucho menos.

En definitiva, nosotros nos forjamos nuestro propio destino o camino, tomando decisiones, eligiendo qué conductas llevar a cabo y cuáles no, afrontando las consecuencias de esas decisiones y acciones, y estando en constante evolución. Desde que nacemos hasta que morimos tenemos la gran capacidad de aprender y de adaptarnos a nuestro entorno y de adaptar nuestro entorno a nosotros, por lo que no hay un único camino para cada uno, sino que cada persona puede modificar, aprender, adaptarse, etc. según sus circunstancias. Y nunca es tarde para ello.

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