¿Qué es realmente la autoestima?

     Suelo escuchar muchos comentarios del tipo “últimamente no salgo mucho, tengo la autoestima por los suelos”, “Susana es muy callada porque tiene baja autoestima”, “no voy a decirle a ese chico que me gusta, primero tengo que gustarme yo”, etc. Lo que os quiero plantear es que reflexionéis realmente sobre el concepto AUTOESTIMA, pues afirmaciones de ese tipo son tautológicas.

Debido no sólo a mi formación, sino a mi experiencia diaria en la consulta, puedo concluir que la autoestima es un concepto DESCRIPTIVO y nunca explicativo. ¿Qué quiero decir? Que es una valoración global que hacemos a partir de nuestras experiencias pasadas y presentes, así como de nuestras expectativas futuras. Son las conductas diarias, los hechos concretos, nuestras circunstancias personales las que nos hacen resumir en una frase toda esa información. Es lógico que utilicemos expresiones sencillas para entendernos, etiquetas globales para resumir (pues las personas usamos muchos “atajos” para ahorrar tiempo y recursos), pero el uso erróneo de este tipo de expresiones (por parte de las personas, de los medios de comunicación e incluso de algunos profesionales), lo único que hace es que se piense que la autoestima (baja o alta) es algo inherente al ser humano y que, por ende, resulta muy difícil de modificar.

Hay gente que encontrará este debate carente de sentido porque lo tendrá tan claro que le resultará obvio. Pero si lo planteo es porque a diario me encuentro con personas que piensan que la autoestima es la causa o la responsable de ciertos comportamientos suyos, de modo que caen en explicaciones circulares del tipo: “no salgo porque tengo baja autoestima…”, “tengo baja autoestima porque no salgo…”.

Para entender mejor esto planteo la siguiente pregunta: ¿Qué hace una persona con una alta autoestima? Seguramente penséis en una persona activa socialmente (que se relacione mucho con los demás, que se apunte a eventos sociales con frecuencia, que mantenga contacto con sus amigos, que tome la iniciativa en conversaciones, que no tenga problemas para presentarse o hablar con personas desconocidas) e incluso físicamente (haciendo deporte, yendo a gimnasios, dando clases de pilates, cuidándose, etc.). También es posible que sea una persona que se arregle, que cuide su imagen, que le guste vestir bien (de acuerdo con sus gustos personales). Asimismo, será una persona con un discurso racional o incluso positivo con respecto a sí mismo (ej.: “se me da bien jugar al fútbol”, “hago una tortilla espectacular”, “conseguí una beca para estudiar fuera”, “voy a prepararme para las oposiciones”, etc.). Todas y cada una de estas conductas valen. Es decir, llevar a cabo estos comportamientos (pensar, sentir y actuar en esa línea) es lo que finalmente una persona tenga una buena valoración global de sí mimo.

En esto influyen especialmente las áreas que para nosotros son más importantes y nuestro desempeño o ejecución en las mismas (ej.: si para mí mi trabajo es muy importante y considero que mi ejecución o desempeño laboral es bueno, eso me hará sumar muchos puntos a mi autoestima). Asimismo, influyen las circunstancias que nos rodean (no nos olvidemos que cada persona es única, no sólo por su comportamiento e historia de aprendizaje, sino por sus circunstancias). En este sentido, diversos acontecimientos positivos o negativos que nos suceden o que acontecen a nuestro alrededor también pueden influir en nuestra autoestima (ej.: si me estoy preparando unas oposiciones y resulta que se suspende la convocatoria indefinidamente, tendré más dificultades para optar a la plaza que yo quería o me sentiré bastante frustrada por haber estado estudiando tanto tiempo para luego no poder presentarme). No obstante, no olvidemos que muchas veces no es tanto la situación a la que nos enfrentamos la que nos hace sentir de una u otra forma, sino la forma que tenemos de afrontar dicha situación (especialmente el discurso que manejamos en esas circunstancias, lo que interpretamos o nos decimos ante esa situación).

Rick Lavoie (especialista en educación especial) hace una analogía con las fichas de poker al hablar de la autoestima de los niños. El ejemplo puede ser útil para entender algunas de las ideas aquí presentadas y sobre todo para ver qué se puede hacer, no sólo para mejorar la autoestima de los chicos, sino la nuestra propia.

Yo añadiría al vídeo que, no obstante, también hay que enseñar a los chicos a “aguantar”. Es decir, no siempre hay que premiarles o de manera inmediata (y mucho menos de forma material). Los chicos, sobre todo según van siendo más mayores, deben aprender también que hay cosas que no saldrán a la primera o que cuesta conseguir ciertas cosas. Es lo que algunos autores llaman “tolerancia a la frustración”, algo que en la sociedad actual se está dejando bastante de lado. Asimismo, y por otra parte, los chicos han de aprender a discriminar perfectamente cuándo sus comportamientos son adecuados y cuándo son inadecuados, y esto en base a las consecuencias obtenidas (ej.: si un chico le pide salir a una chica de forma brusca o poco cuidadosa y ésta le dice que no, probablemente aprenda a hacerlo de otra manera la próxima vez; en este caso, es cierto que ha podido “perder fichas de poker”, pero eso también le puede ayudar a esforzarse y a aprender otras formas de actuación que le permitan conseguir -o al menos no perder- más fichas de poker en un futuro).

Por otro lado, un aspecto que hemos de considerar con los niños, es que llegada una edad ellos empiezan a recibir influencias de diversas áreas o ámbitos de su vida (amigos, colegio, etc.), muchas de las cuales escapan de nuestro control. Ahí coincido con Rick Lavoie cuando dice que hemos de procurar que, si bien puedan “perder fichas” en esos ámbitos, puedan recuperarlas en casa o en otros ámbitos que nosotros podamos controlar más, propiciando actividades o situaciones que ellos manejen adecuadamente o mediante refuerzos verbales. Esto no sólo ayudará a que “su balance de fichas” sea más positivo, lo cual sin duda va a influirles a la hora de afrontar otras áreas, sino que además aprenderán que en casa o con nosotros se sienten bien.

Con lo que no estoy de acuerdo es con la idea de que los padres tengan que luchar contra aquellas personas que “quitan fichas a nuestros hijos”; no considero que esto lo debamos hacer siempre, pues nuestros hijos también deben y pueden aprender a recuperarlas por sí mismos. Como he dicho antes, lo que sí podemos hacer es facilitar que puedan conseguirlas en otros ámbitos que sí están bajo nuestro control, pero no podemos ir con ellos siempre, acompañándoles y asegurándonos de que nadie les quite fichas o de que se las devuelvan.

No dudéis en dejar vuestras opiniones al respecto, seguro que resultarán muy enriquecedoras. Gracias.

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Un comentario en “¿Qué es realmente la autoestima?

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