¡Nos cambiamos de sitio!

Nuevos tiempos, nueva imagen, pero con la misma dinámica ¡y muchos contenidos relacionados con la Psicología! Si os ha gustado mi blog hasta ahora, os invito a conocer el nuevo en:

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Muchas gracias y nos vemos allí 🙂

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¿Son el “colecho” o la “lactancia a demanda” buenas prácticas educativas?

     El colecho (o “cama familiar”) es una práctica en la que bebés o niños pequeños duermen con uno o ambos progenitores. Es una práctica frecuente en muchas partes del mundo y se ha venido practicando ampliamente hasta el siglo XIX en Europa hasta que las casas comenzaron a tener más de un dormitorio y los niños su propia cuna. No obstante, recientemente se está re-introduciendo en la cultura occidental, al igual que la lactancia a demanda, por los partidarios de la “crianza con apego”, que incluyen el colecho entre las prácticas naturales para “una crianza saludable y feliz en los niños”.

Tal es el caso de Carlos González, autor del libro “Bésame mucho: cómo criar a tus hijos con amor”. En dicho libro, y según el autor y sus defensores, se critican las teorías que propugnan una “educación rígida o conductista”, defendiendo por contra una educación “basada en el amor, el respeto y la libertad”. El autor considera que muchos de los actuales consejos dados por los profesionales “van en contra de la propia naturaleza y de los sentimientos maternos más profundos”. Así, por ejemplo, aboga por tomar al niño en brazos o darle el pecho a demanda (cuando el niño llora).

Pero ahí está el problema, que se concibe la disciplina como la antítesis del respeto, la libertad y una relación de afecto y cariño entre padres e hijos y ¿son realmente incompatibles? Claramente no; es más, son necesarios todos esos ingredientes, por el bien de los padres y por el bien de los hijos. Hemos pasado quizás de una educación muy rígida y autoritaria, casi rozando lo irracional, a una educación totalmente permisiva, rozando nuevamente el extremo opuesto (también irracional).

Precisamente el comportamiento humano se rige por unos principios o procesos de aprendizaje universales (y no sólo para nuestra especie). Entre esos procesos, se encuentran los de refuerzo (aquellas consecuencias “deseables” que siguen a una determinada conducta, hacen que ésta se mantenga o incremente con más probabilidad en situaciones similares futuras), castigo (aquellas consecuencias “indeseables” que siguen a una determinada conducta, hacen que ésta vaya reduciéndose e incluso desapareciendo con más probabilidad en situaciones similares futuras) y extinción (aquellas conductas que dejan de ir seguidas de aquellas consecuencias reforzantes que las mantenían, van reduciéndose e incluso desapareciendo). Por lo que si apelamos a la naturaleza humana para justificar unos métodos u otros, realmente el conductismo es el enfoque más eficaz, que explica, demuestra o avala científicamente muchas de las técnicas que los profesionales enseñamos y ofrecemos diariamente a nuestros clientes (porque lejos de dar “consejos”, ofrecemos pautas, estrategias o herramientas para conseguir los objetivos propuestos y solucionar el problema de cada caso). Tal es el caso del Método Estivill, seguido por muchos y criticado por otros. El problema de Estivill fue no explicar los procesos de aprendizaje implicados en su método o técnica para demostrar por qué realmente es eficaz y por qué no es nocivo ni traumático para los niños. Es por ello que desaconsejamos la literatura de “auto-ayuda”, porque además de poder llevar a error o confusión, corre el riesgo de querer abarcar todos los casos posibles, cuando cada caso es único y debe ser evaluado y abordado de manera individualizada con ayuda de un experto o profesional que conozca tales procesos y ponga su conocimiento a disposición del cliente que demande o plantee el problema en cuestión.

Muchos defensores del colecho o la lactancia a demanda postulan que “así se potencian los vínculos entre padres e hijos”, olvidándose de que hay otras muchas maneras de establecer una buena relación con los hijos y, nuevamente, no son incompatibles con inculcar una disciplina y educar bien a los niños. Del mismo modo, defienden que “favorece el desarrollo de la autoestima del niño y posterior desarrollo de la autonomía personal”. Sin embargo, podemos ir más allá al ver los claros inconvenientes o riesgos de estas prácticas, puesto que debemos tener en cuenta qué estamos favoreciendo de este modo. El niño puede acabar asociando el momento del sueño con la presencia de los padres, con lo cual no llegará a aprender a dormir solo y esto es de crucial importancia para el desarrollo de esa “autonomía personal”, precisamente. Y, obviamente, si en un momento dado se queda solo (ej.: el momento de la siesta), lo pasará mal porque no estará acostumbrado, ante lo cual la nueva presencia de los adultos aliviará dicho malestar (consecuencia “deseable” para el niño, que no siempre implica que sea saludable para él) y de nuevo estaremos manteniendo un patrón que, a la larga, será problemático. No son pocos los casos que nos encontramos de chicos adolescentes (casi rozando la edad adulta) que no han aprendido a dormir todavía si no es con la presencia de su madre o padre (a veces incluso cogiéndole la mano, acariciándole o hablándole). ¿No implica esto consecuencias aún más graves para su desarrollo? ¿Qué implicaciones puede tener este problema para un chico de 16 años que quiere irse de campamento o simplemente de viaje con sus amigos? Lo mismo podríamos decir de un bebé que se acostumbra a que su madre le dé el pecho siempre que llore, ¿qué consecuencias creéis que implicará este modo de actuar? Claramente, la conducta de llanto se está viendo reforzada por unas consecuencias deseables como es la alimentación o la succión (que pueden relajarle, claro está). Los problemas son diversos: se le está alimentando cuando posiblemente no lo necesite, se le está atendiendo inmediatamente cuando se queja o está molesto, etc. Esto a la larga conduce a una baja tolerancia a la frustración y, sin embargo, en la vida real no siempre o no todo el mundo ni en todas las situaciones se cumplen nuestras expectativas, salen las cosas como esperamos, etc. Muy por el contrario, tenemos y debemos aceptar muchos “no” por respuesta (más ahora en la situación en la que estamos) y saber esperar (demorar nuestra gratificación), adaptándonos a las diversas circunstancias (afrontando muchas veces dificultades). De lo contrario, ¿qué podría suponer para un niño acostumbrado a “ser calmado inmediatamente”? ¿Qué consecuencias implicaría a nivel social, laboral, sentimental…? Eso por no hablar de las limitaciones para los adultos, quienes tienen que acostumbrarse a dormir todas las noches con sus hijos (no hablaré de las implicaciones para las relaciones de pareja) o las madres dejar todo aquello que estén haciendo si el niño llora (para pasar a darle el pecho).

Enseñarles pautas adecuadas de comportamiento (como buenos hábitos de alimentación, de sueño, buen comportamiento en casa…) no es traumático, simplemente consiste en enseñarle a ser independiente, a poder hacer las cosas cada vez con mayor autonomía, instruirle o educarle para que vaya adquiriendo hábitos que le ayuden el día de mañana… sin por ello concluir que los padres no le quieren ni crear un trauma por ello. Se puede (y debe) educar y querer a la vez; se pueden castigar los malos comportamientos al tiempo que reforzamos aquellas conductas deseables; podemos ser firmes y estrictos con nuestras pautas de educación o disciplina y no por ello dejar de querer a nuestros hijos.

“Análisis del cambio en un problema de adicción al alcohol. Estudio de un caso” (nuevo artículo publicado en la revista Clínica y Salud)

   Clínica y SaludYa ha sido publicado el artículo que he podido redactar junto con mis compañeras y miembros del Equipo ERGO Psicólogos (Marina González Biber y Miriam Rocha Díaz) en la revista del Colegio Oficial de Psicólogos “Clínica y Salud”. El artículo, que espero sea de vuestro interés, analiza el proceso de cambio de un caso de adicción al alcohol y lo podéis consultar en el siguiente enlace: Análisis del cambio en un problema de adicción al alcohol. Estudio de un caso.

Clínica y Salud

Podéis consultar muchos más artículos en Revista Clínica y Salud. ¡Espero que os guste!

Las relaciones de pareja y las nuevas tecnologías

    Las nuevas tecnologías o los nuevos medios de comunicación han revolucionado nuestras vidas cotidianas o nuestro día a día. Internet, por ejemplo, cada vez es más accesible a todos y nos permite hacer gran cantidad de cosas (sacar dinero, hacer búsquedas, hacer compras online, visitar ciudades o museos sin movernos de casa, escuchar música, comunicarnos fácilmente, etc.). Asimismo, los medios de comunicación han cambiado mucho la forma que tenemos de interactuar, comunicarnos y relacionarnos.

En el ámbito de las relaciones de pareja ocurre algo parecido, pues los avances tecnológicos también ofrecen muchas ventajas (tal es el caso de las relaciones a distancia, las cuales pueden mantener más contacto gracias a los avanzados medios de comunicación; pero últimamente también se están encontrando otras aplicaciones, como la búsqueda de pareja, tal y como comento en otro artículo: @LOVE.COM).

¿Pero es oro todo lo que reluce? Toda moneda tiene sus dos caras y, si bien nos pueden ofrecer numerosas ventajas, las nuevas tecnologías tienen también sus riesgos. Una de las finalidades de los nuevos medios de comunicación es mantener a la gente en contacto, más comunicada, más accesible. Pero, tal y como muestra el siguiente vídeo, esto puede tener sus inconvenientes. Las personas, pese a pertenecer o formar una relación de pareja, no dejamos de ser individuos independientes que necesitamos nuestro espacio y nuestra intimidad. Estar constantemente localizados puede llevarnos al agobio, cansancio o estrés.

Por otro lado, aquellas personas que tengan tendencia a desconfiar o tengan un patrón de comportamiento “celoso” pueden encontrar en los nuevos medios de comunicación un arma de doble filo. Concretamente, a priori puede parecer que les facilita las cosas en este sentido (ej.: si nuestra pareja hace “check in” en foursquare un día que ha quedado con las amigas a cenar en un restaurante, podemos comprobar que efectivamente está ahí, quedándonos tranquilos); pero no olvidemos que a largo plazo eso puede conducir al deterioro de la relación. Tal y como refleja Miriam Rocha en su artículo (Los celos: el enemigo en la relación de pareja), hablamos de “celos” para referirnos al miedo a perder a la pareja, a ser engañados o rechazados por ésta o a ser sustituidos por otra persona. Los celos, por tanto, se caracterizan o comprenden un cuadro comportamental en el que encontramos, por un lado, pensamientos distorsionados e irracionales acerca de la relación y de la pareja (ej.: “ya no me mandas whatsapp por las mañanas, eso es que no me quieres”) que generan respuestas de ansiedad, temor y malestar. No olvidemos, además, que las personas tenemos la capacidad de reinterpretar todo “a nuestra manera” o, dicho de otra forma, cualquier cosa puede ser objeto de interpretaciones erróneas y sesgadas (en función del estilo de pensamiento que hayamos adquirido -cómo hayamos aprendido a interpretar las cosas o cómo las hayamos interpretado a lo largo del tiempo-, de nuestro estado anímico en ese momento, etc.). Por otro lado, también engloba actuaciones encaminadas a ejercer control sobre las conductas de la pareja con el objetivo de ganar seguridad o confianza y mitigar los miedos (ej.: “vi en el whatsapp que hizo doble check, por lo que debiste leerlo, ¿por qué no contestabas? ¿con quién estabas? ¿estabas hablando con otra persona?”).

Y como sabemos, este tipo de problemas en las relaciones de pareja suele responder a un patrón prototípico que explica, además, su mantenimiento a largo plazo (a modo de círculo vicioso). Y las nuevas tecnologías o los medios de comunicación juegan un papel fundamental en este sentido (dado que la otra persona está más accesible, en cuanto no responda o conteste, generará dudas y desconfianza con gran probabilidad -ej.: “no me respondiste al email, pero vi que publicaste en facebook, por lo que te conectaste y no me escribiste”). Todo lo cual incrementa las probabilidades de que surjan conflictos, lo que sin duda puede conducir al deterioro de la relación e incluso a situaciones de “profecía autocumplida” (ej.: “me agobiaste tanto preguntándome si te quería o si estaba bien que al final dejé de estar a gusto contigo”).

¿Por qué esto no ocurría antes o lo hacía de otra forma? Porque antes no nos quedaba más remedio que confiar (siempre y cuando no tuviésemos delante evidencias contrarias y válidas) al igual que los padres no tenían otra que dejar que sus hijos salieran con sus amigos sin poderles localizar con el móvil y sin saber dónde iban a estar o qué iban a hacer en cada momento. Es importante, pues, saber manejar estas situaciones y sacar provecho de los medios de comunicación sabiendo utilizarlos adecuadamente y evitando “caer presos” de los mismos (llegando a depender de ellos para todo).

(*) Otros artículos relacionados:
Los celos: el enemigo en la relación de pareja (por Miriam Rocha). 

La búsqueda de pareja en Internet (artículo en El Confidencial)

     A continuación os pongo el link del artículo que se publicó en el periódico on-line ElConfidencial.com sobre la búsqueda de pareja en Internet, un tema del que ya hemos hablado y escrito en varias ocasiones tanto mi compañera Mila Cahue como yo.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2012/01/18/los-maduros-pasan-de-la-noche-para-encontrar-pareja-y-prefieren-utilizar-la-red-91078/

(*) Otros artículos relacionados:
Las claves para encontrar pareja en Facebook (partes I, II, III, IV, V, VI y VII).
@LOVE.COM.

Ponencia en Valencia.

¿Test genético para el tratamiento de la depresión?

     El siguiente artículo (http://www.larazon.es/noticia/2861-un-test-genetico-identifica-la-mejor-terapia-contra-la-depresion) anuncia la aparición de un nuevo test genético que al parecer permitirá a los médicos identificar (a partir de una muestra de saliva) “el tratamiento más efectivo y seguro” para pacientes con depresión, según ha informado AB-Biotics de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Pero es de sobra conocido el hecho de que la “depresión” no se cura con fármacos, sino que la medicina simplemente palia determinados síntomas depresivos. Si esa persona sigue teniendo problemas o le faltan recursos, habilidades o estrategias para afrontar una determinada situación, la medicina sólo servirá de “medida de choque” con efectos puntuales y a corto plazo. En tanto en cuanto el problema permanezca sin resolverse, la persona seguirá necesitando esa medicación, cronificándose el problema (éste se mantiene sin resolver o incluso puede agravarse). Y lo que es peor, hay medicamentos que, además de generar efectos adversos, pueden enganchar a la persona (no sólo porque ésta no aprende otra forma de afrontar su problema o paliar sus síntomas, sino por el potencial adictivo de determinadas sustancias).

Esto NO significa que la medicación no sea eficaz o incluso necesaria en algunos casos, pero siempre son casos puntuales y como medida a corto plazo; es preciso enseñar (antes o después) a la persona estrategias de afrontamiento que le permitan superar ese problema o situación que la han llevado a ese “estado depresivo”. Por lo que, a mi parecer, si bien la aparición de estos tests puede facilitar mucho las cosas, así como evitar otros problemas y evitar perder recursos (tiempo, dinero, esfuerzo, etc.), sería más interesante invertir en aquellos tratamientos psicológicos que han demostrado su eficacia a la hora de resolver este tipo de problemática y no tanto en cómo medicar mejor a las personas, pues la medicación cumple un papel secundario en este sentido. Ya se ha hablado en varias ocasiones y a lo largo de este blog de los intereses económicos de la industria farmacéutica que puede haber detrás de este tipo de investigaciones.

(*) Otros artículos relacionados:
Uno de cada cinco trabajadores padece “enfermedades mentales”
Más Platón y menos Prozac
La Salud Mental en España
El tratamiento psicológico en los servicios de Atención Primaria.

¿Debe un psicólogo saber de todo y atender cualquier demanda?

     Es frecuente que se compare la figura del psicólogo con la de un médico. En este sentido, muchos comparten la opinión de que “un psicólogo ha de especializarse, pues es imposible ser bueno o saber de todo”.

Efectivamente, si se concibe la figura del psicólogo y se equipara a la de un médico, es irracional pensar que podamos saber de todo y atender a cualquier demanda (de ahí que haya especialidades médicas y, según va avanzando la medicina, cada vez hay más subespecialidades dentro de las especialidades). No obstante, con el psicólogo no ocurre lo mismo. No nos olvidemos que el modelo psicológico es diferente al modelo médico (mientras que aquél aborda problemas de naturaleza aprendida o comportamental, éste se encarga de problemas de naturaleza biológica u orgánica).

En este sentido, la herramienta fundamental de todo psicólogo es el análisis funcional de la conducta problema de su cliente. Es decir, los psicólogos que trabajamos bajo el modelo conductual usamos el análisis funcional como herramienta indispensable par aidentificar las relaciones funcionales que explican determinadas conductas de una persona. Esto es, hacer un análisis funcional del comportamiento implica analizar dicho comportamiento en términos de sus antecedentes (las cosas que ocurren antes y con las que está relacionado dicho comportamiento) y sus consecuentes (las cosas que ocurren después). El análisis funcional permite, pues, establecer hipótesis explicativas sobre las contingencias de la conducta, de forma que se pueda analizar y explicar por qué una persona, en un momento determinado, se comporta o responde de la forma en que lo hace; es decir, nos permite, en última instancia, explicar por qué se origina o se mantiene un determinado problema.

De cara al tratamiento psicológico, el análisis funcional constituye una herramienta muy útil, ya que permite manejar la información relevante de cada caso y así poder ajustar la intervención a esa persona en concreto, diseñando el programa de tratamiento (incluyendo los objetivos terapéuticos y las técnicas de intervención) más adecuado al caso. Y al tratar cada caso como único, el margen de error disminuye considerablemente, y el profesional puede tratar cualquier demanda que se le plantee (dentro del ámbito de la psicología, claro está). Otra cosa distinta es que los psicólogos tengamos preferencias por un tipo de demandas en concreto. Muchos centros o gabinetes de psicología, al contar con varios profesionales, pueden y prefieren hacerlo de esta manera (cada psicólogo se encarga de un tipo de demanda). No obstante, todo psicólogo ha de estar perfectamente capacitado para poder evaluar y tratar cualquier problema que se le presente en consulta (de naturaleza psicológica, insisto, pues no podemos ni debemos atender aquellas demandas que se escapen de nuestra competencia).

(*) Artículos relacionados en este blog:
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