Entrevista para Telemadrid

   El pasado 11 de Marzo publicaron la entrevista que me hicieron los del programa “Aquí en Madrid” (para Telemadrid) acerca de los vídeos violentos que se graban en Internet. ¿Qué les lleva a colgarlos? ¿Qué mantiene ese patrón? ¿Cuál es el perfil de este tipo de gente? Éstas son algunas de las preguntas que me hicieron en la entrevista.

Dado que ya han retirado el programa de su página, y a la espera de recuperarlo, os dejo algunas imágenes.

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“Cuando los vínculos afectivos se convierten en una adicción” (colaboración para la revista InDependientes)

A continuación, os dejo el enlace del reportaje de Laura Ibáñez sobre las dependencias relacionales para el que concedí una entrevista hace unas semanas. ¡Espero que os guste!

Primera parte: http://revistaindependientes.com/las-dependencias-relacionales-cuando-los-vinculos-afectivos-se-convierten-en-una-adiccion-primera-parte/

Segunda parte: http://revistaindependientes.com/las-dependencias-relacionales-cuando-el-amor-se-convierte-en-una-adiccion-segunda-parte/

Mitos en torno al amor romantico

“Crónica de un amor anunciado” (reportaje de Ximena Vargas)

Os dejo el link del reportaje que ha hecho Ximena Vargas, y con el que he tenido el placer de colaborar, acerca de la popularidad que están teniendo las aplicaciones móviles para ligar. ¡Espero que os guste!

http://debajodelabutaca.wordpress.com/2014/11/23/85/

 

Análisis Conductual de la Novela “Sin Destino” (Imre Kertész, 1975)

(*) Aviso a los lectores: Se comentan aspectos de la novela que pudieran desentrañar gran parte de su argumento.

   “Sin destino” trata sobre las experiencias de un chico judío húngaro, Gyurka, de 14 años de edad, en los campos de concentración alemanes. Lo más sugerente del libro es que a lo largo de toda su trama vemos cómo el protagonista, mediante un modo no poco llamativo, trata de afrontar y adaptarse constantemente a su deplorable situación, logrando mantenerse en un estado de, pudiéramos decir, “normalidad” (sin tener en cuenta el deterioro progresivo de su estado físico). Esto extraña bastante al lector debido a lo desfavorecido del contexto: el chico está viviendo una situación objetivamente aversiva, dramática, nada favorecedora de conductas no depresivas. Y además de poder considerarse permanente (el protagonista permanece encerrado sin saber cuándo va a acabar su situación, por lo que tampoco puede anticipar el futuro ni pensar que traerá tiempos mejores y así hacer más llevadero el presente), no es posible de cambiar por medio de la conducta (dada su condición de preso). Precisamente por estar viviendo en una situación tan limitada, las alternativas conductuales posibles son tremendamente escasas (por no hablar de las posibles actividades placenteras) y no hay posibilidad de acceder a otros ambientes.

Sin embargo, pese a todo lo anterior, Gyurka parece tener las habilidades necesarias para no caer en la depresión (a modo de “antídoto”), de forma que a pesar de que tiene momentos tremendamente desagradables a lo largo de la novela, nunca llega a deprimirse. Concretamente, el chico es capaz de afrontar, aceptar y adaptarse a una situación lamentable, aprendiendo a vivir en esas nuevas condiciones que se han generado (pues, independientemente de qué o quién le haya llevado a esa situación, es en ella y no en otra en la que tiene que vivir, le guste o no). Es decir, son las estrategias psicológicas de aprendizaje las que le permiten superar esa situación y “normalizarla” lo máximo posible. Gyurka acepta la situación como parte de su vida, la única que tiene para ser feliz. Por lo que el chico no se plantea como única solución a sus problemas que su situación cambie, lo que contribuye a mantener su “bienestar” psicológico. A lo largo de la novela vemos cómo aprende a vivir en ese contexto, sin quejarse ni pensar en cómo serían las cosas si no fueran como son. Es cierto que a veces recuerda cómo era su vida en Budapest, sobre todo con su amigo Bandi Citrom, pero no cae en la rumiación de su triste situación ni se pasa el día comparándola con las otras buenas posibles situaciones que podría tener (lo cual sería un agravante de la conducta depresiva). Por lo que al no haber verbalizaciones, encubiertas (pensamientos) o manifiestas (quejas), sobre su situación, no hay discriminativos de pasividad ni estímulos condicionados de la respuesta de malestar. En definitiva, no se produce el comportamiento depresivo.

Posiblemente, esta capacidad para aceptar su situación tan desfavorable se vea favorecida, en primer lugar, por el hecho de que Gyurka ignora mucho de lo que sucede a su alrededor (al principio no sabe a dónde lo llevan y sólo toma conciencia de su condición de preso habiendo transcurrido bastante tiempo) y, en segundo lugar, por el hecho de que todas sus experiencias suceden poco a poco, a modo de “pasos”. Es decir, y remitiéndome a este último punto, las nuevas condiciones que se han generado y en las que a Gyurka le ha tocado vivir, surgen a raíz de la sucesión de una serie de situaciones, acontecimientos o comportamientos que conducen finalmente a esa situación tan deplorable. Pero, tal y como el propio protagonista narra al final del libro, seguramente nadie hubiese sido capaz de soportar todo aquello (tanto tiempo transcurrido, el aislamiento, el aburrimiento, la violencia, el hambre, la sed, la falta de higiene y de salud, etc.) de haber sobrevenido de golpe. Incluso podríamos considerar también que el hecho de que Gyurka no presente ningún tipo de “atadura emocional” hacia su herencia judía, tal y como podemos apreciar en distintos momentos de la novela, le ayuda a afrontar esa horrible situación. Y yo tampoco descartaría la posible influencia que puede ejercer el trabajo que tiene que realizar Gyurka en los campos como fuente de distracción y de actividad (pues el nivel de actividad está directamente relacionado con una mejora del estado de ánimo). Por último, debemos tener en cuenta que, tras muchas exposiciones continuas, sistemáticas y repetidas al mismo ambiente hostil y violento, con el paso del tiempo se disipa su capacidad de elicitar respuestas depresivas o de malestar.

Sin embargo, sí es posible apreciar cierto deterioro del protagonista, pues según se acerca el final de la novela, vemos cómo Gyurka se encuentra cada vez más abatido, menos motivado para trabajar y más dispuesto a abandonarse (hasta el punto de rozar la muerte). No obstante, yo atribuyo este cambio fundamentalmente a su estado físico tan deteriorado. Es decir, dada su condición de mal-nutrición y de falta de higiene, Gyurka comienza a enfermar cada vez más, lo que fundamentalmente le lleva a esa situación de “abandono” para acabar con la situación cuanto antes y no sufrir más.

En conclusión, el libro es un claro ejemplo de que la depresión NO es una reacción automática, sino que es un proceso activo (implica “un hacer”, como ya se ha comentado en otros posts de este blog) que depende en cualquier caso de la persona (se encuentre ante un ambiente aversivo o no). De lo contrario, no podríamos explicar por qué Gyurka no acaba deprimiéndose, a pesar de lo lamentable de su situación. Es decir, popularmente se espera (o se considera “normal”) que las personas que han experimentado sucesos o acontecimientos aparentemente “traumáticos” (un abuso o violación, estar en un campo de concentración, etc.) acaben deprimidas, pues la justificación de la depresión se suele buscar en el contexto o situación por la que pasa la persona y no en lo que ésta hace en dicho contexto. Pero, de nuevo, la depresión no es un proceso automático que surge directamente de la experiencia aversiva, sino que constituye un proceso activo de aprendizaje que se pone en marcha cuando intentamos superar una situación difícil o dramática (y muchas veces incluso en ausencia de ésta). Es cierto que determinadas situaciones aversivas (como la del libro) pueden provocar en quien las vive una serie de emociones negativas que constituyen reacciones inmediatas o automáticas; pero las cosas que haga esa persona a partir de ese momento, las estrategias que use para enfrentarse a esa situación dramática por la que está pasando o los cambios que introduzca en su contexto para adaptarse o salir de él es lo que va a determinar que desarrolle o no una depresión. Por lo que el proceso de deprimirse, lejos de ser lógico, se desarrolla a partir de los intentos fallidos de una persona a la hora de enfrentarse a determinadas experiencias difíciles y dolorosas; pero esto es justo lo que no le ocurre a nuestro protagonista.

En definitiva, la depresión es un patrón comportamental adaptado al nuevo contexto, por lo que no es inevitable y mucho menos crónico, sino que es el resultado de una historia de aprendizaje que conlleva una serie de conductas que, a la larga, lleva a una persona a estar deprimida (sin que la depresión sea la explicación causal de esas conductas, no es más que una etiqueta que las describe, nombra o engloba). Esto explica por qué no todo el mundo reacciona de la misma forma ante la misma situación, y por qué hay gente que desarrolla una depresión y gente que no. Por eso decimos que es la persona la que se convierte en un agente activo en el proceso de desarrollo de la depresión. Por lo que ésta no depende tanto del acontecimiento estimular, sino más bien de la conducta del individuo ante tal acontecimiento (lo que piensa, cómo interpreta los hechos, qué hace, qué no hace, etc.). No olvidemos, además, que las relaciones entre los eventos antecedentes, las conductas y las consecuencias de esos comportamientos pueden ser muy complejas, y esto es lo que explica que pueda haber casos tan distintos (entre ellos, el relatado en la novela).

¿Escribir más o menos mensajes tiene que ver con la calidad de las relaciones de pareja?

   Un nuevo estudio publicado en el Journal of Couple and Relationship Therapy muestra que si bien el contenido de los mensajes es importante a la hora de predecir el tipo de relación que mantienen las personas que los intercambias, no está tan claro cuando se trata de analizar la cantidad de esos mensajes, al menos en el caso de los hombres. Concretamente, y según se desprende de este estudio, los hombres que envían mensajes con más frecuencia manifiestan una menor calidad en su relación. Una hipótesis que se ha planteado es que a medida que los hombres quieren distanciarse de una relación, considerando la ruptura, empiezan a reemplazar las interacciones cara-a-cara con este tipo de comunicación. Las mujeres, sin embargo, informan de relaciones de mayor calidad cuando escriben mensajes más a menudo y la explicación que también se ha planteado ante este hecho es que las mujeres tienden a recurrir a los mensajes para resolver diferencias, aclarar las cosas, disculparse, tomar decisiones, etc.

Si queréis saber más, leed este artículo que también habla del estudio.

“Hombres, mujeres: encuentros y desencuentros” (17, 24 y 31 de Octubre)

     Los días 17, 24 y 31 de Octubre está teniendo lugar, en el Espacio Fundación Telefónica (Gran Vía, 28), el ciclo “Hombres, mujeres: encuentros y desencuentros”. En él diversos profesionales estamos participando en varias mesas redondas donde Celia Arroyo expone las conclusiones de sus investigaciones en torno al amor en el cine y su influencia en la generación de expectativas en las relaciones de pareja. Tras cada exposición estamos invitando al debate con distintos expertos y personalidades del mundo de la cultura.

El 17 de Octubre hablamos de “Mitos del amor romántico“, hoy día 24 de Octubre abordaremos el tema de “La psique del amor: el amor desde el punto de vista científico” (donde participaré y aportaré mi experiencia profesional acerca del cambio de las relaciones humanas a través de la tecnología) y el 31 de Octubre hablaremos de “Las dos caras del amor“. El horario de las jornadas será de 19:00 a 21:00 horas y la entrada es libre.

  • Coloquio 2: LA PSIQUE DEL AMOR. El amor desde el punto de vista científico. 24 de octubre a las 19,00h

¿Qué es lo que hace que las personas se enamoren?, ¿Cuáles son los factores neurohormonales implicados en este proceso?, ¿Es todo cuestión de química?, ¿Aman igual los hombres que las mujeres?, ¿Por qué dejamos de querernos?, ¿Está cambiando la tecnología la manera en que nos relacionamos? Éstas y otras cuestiones son las que se analizarán en este coloquio que tiene por finalidad analizar científicamente la naturaleza del fenómeno amoroso.

Participantes:

  • José Miguel Fernández Dols (Catedrático de Psicología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, investigador y escritor).
  • Gala Almazán (psicóloga clínica).
  • Leticia García (Licenciada en Filosofía y escritora).
  • Augusto Abello (psicólogo y psicoterapeuta).
  • Celia Arroyo (psicóloga y psicoterapeuta).

Los 10 mitos del amor según Carlos Yela

  • Mito de la media naranja, o creencia en que elegimos a la pareja que teníamos predestinada de algún modo y que ha sido la única o la mejor elección posible. Este mito tiene su origen en la Grecia Clásica y se intensifica con el Amor Cortés y el Romanticismo. Su aceptación podría llevar a un nivel de exigencia excesivamente elevado en la relación de pareja, con el consiguiente riesgo de decepción, o de una tolerancia excesiva al considerar que siendo la pareja ideal hay que permitirle más o esforzarse más (uno/a mismo/a) para que las cosas vayan bien (pudiendo llegarse a la dependencia afectiva).
  • Mito del emparejamiento o de la pareja, creencia en que la pareja (heterosexual) es algo natural y universal y en que la monogamia amorosa está presente en todas las épocas y todas las culturas. La aceptación de esta creencia puede dar lugar a conflictos internos en aquellas personas que se desvíen de algún modo de esta creencia normativa (personas no emparejadas, que lo están con personas de su mismo sexo o con más de una persona,…).
  • Mito de la exclusividad, o creencia en que es imposible estar enamorado/a de dos personas a la vez. La aceptación de esta creencia puede suponer conflictos internos y/o relacionales al entrar en colisión con aquellas normas sociales que imponen las relaciones monógamas.
  • Mito de la fidelidad, o creencia en que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos deben satisfacerse exclusivamente con una única persona, la propia pareja, si es que se la ama de verdad. Tal y como resumen Silvia Ubillos y cols. (2003), ciertas perspectivas teóricas (como la sociobiológica) sostiene que las relaciones fuera de la pareja son un universal, por lo que resultaría problemático llevar esta creencia a la práctica, mientras que no hacerlo causaría sanciones sociales, es decir, se tome la alternativa que se tome, podría aparecer el conflicto.
  • Mito de los celos, o creencia en que los celos son un signo de amor, e incluso el requisito indispensable de un verdadero amor. Este mito fue también introducido por la Cristiandad como un garante de la exclusividad y la fidelidad, anteriormente comentadas. Suele usarse habitualmente para justificar comportamientos egoístas, injustos, represivos y, en ocasiones, violentos y aparece en algunos de los modelos explicativos multicausales como uno de los antecedentes de la violencia de género (Bosch y Ferrer, 2002).
  • Mito de la equivalencia, o creencia en que el “amor” (sentimiento) y el “enamoramiento” (estado más o menos duradero) son equivalentes y, por tanto, si una persona deja de estar apasionadamente enamorada es que ya no ama a su pareja y lo mejor es abandonar la relación. Algunas investigaciones (Fisher, 1992, 2005; Franken, 1994; Ortiz y Gómez, 1997) sugieren que los procesos biológi cos, psicológicos e interpersonales característicos de las fases de enamoramiento intenso van modificándose con el tiempo, dando lugar a procesos de otro tipo. Aceptar este mito supone, en cambio, no reconocer la diferencia entre una cuestión y otra y no reconocer esa transformación, lo que podría llevar a vivirla de modo traumático.
  • Mito de la omnipotencia o creencia en que “el amor lo puede todo” y por tanto si hay verdadero amor los obstáculos externos o internos no deben influir sobre la pareja, y es suficiente con el amor para solucionar todos los problemas y para justificar todas las conductas. Este mito puede ser usado como una excusa para no modificar determinados comportamientos o actitudes, o llevar la negación de los conflictos de pareja, dificultando su afrontamiento.
  • Mito del libre albedrío, o creencia en que nuestros sentimientos amorosos son absolutamente íntimos y no están influidos por factores sociobiológico-culturales ajenos a nuestra voluntad y conciencia. Este mito se expande durante el Renacimiento, el Barroco y, posteriormente, durante el Romanticismo. Aceptar este mito supone no reconocer las presiones biológicas, sociales y culturales a las que las personas estamos o podemos estar sometidas, lo cual puede generar exceso de confianza, culpabilización, etc.
  • Mito del matrimonio o de la convivencia, creencia en que el amor romántico-pasional debe conducir a la unión estable de la pareja y constituirse en la única base de la convivencia de la pareja. En relación a sus orígenes, a finales del s. XIX se inicia una corriente (que se consolida en el s. XX) que vincula por primera vez en la historia los conceptos de amor romántico, matrimonio y sexualidad y a partir de la cual el amor romántico se hace normativo, el matrimonio deja de ser concertado y pasa a ser por amor y se considera que, además, del amor romántico, también la satisfacción sexual deben darse en el matrimonio. Esto supone pues una contraposición a lo que había ocurrido en épocas anteriores (por ejemplo, en el Amor Cortés que surge como opuesto al matrimonio).
  • Mito de la pasión eterna o de la perdurabilidad, esto es, creencia en que el amor romántico y pasional de los primeros meses de una relación puede y debe perdurar tras años de convivencia. Este mito surge también muy ligado a la corriente comentada anteriormente que vincula amor romántico y matrimonio. Sin embargo, los estudios sobre el tema (algunos de ellos mencionados anteriormente) coinciden en señalar que la pasión amorosa tiene “fecha de caducidad” con lo que esta creencia puede tener consecuencias negativas sobre la estabilidad emocional de la persona y de la pareja.

(Tomado de V.A. Ferrer, E. Bosch y C. Navarro, ‘Los mitos románticos en España: http://www.uv.es/seoane/boletin/previos/N99-1.pdf citando ‘El amor desde la psicología social. Ni tan libres ni tan racionales’ de Carlos Yela)

(*) Relacionado: http://espacio.fundaciontelefonica.com/2013/09/30/hombres-mujeres-encuentros-y-desencuentros/