Uno de cada cinco trabajadores padece “enfermedades mentales”

     A continuación os dejo el link del inquietante artículo de elmundo.es acerca del impacto de las llamadas “enfermedades” o “desórdenes” mentales en la productividad laboral:

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/12/12/neurociencia/1323693743.html

No debemos olvidar, a su vez, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que los “trastornos depresivos” serán la principal causa de enfermedad en el año 2030 y que, en la actualidad, además de las condiciones de vida personales, este tipo de problemática acarrean un deterioro sustancial de la productividad en el trabajo, por no hablar de los días laborales perdidos.

No obstante, me gustaría simplemente matizar y recordar que, tal y como señala Marino Pérez (y yo misma comento en otros artículos de este blog relacionados), entre otros autores, hay muchos problemas (como la depresión, el estrés, la ansiedad, entre otros) que son mal-llamados “enfermedades mentales”, pues dicho concepto debería reservarse para aquellas patologías con una etiología orgánica, biológica o médica. Los psicólogos, sin embargo, en la mayoría de los casos no tratamos con dichos desórdenes (a diferencia de los psiquiatras), sino con problemas de comportamiento o de aprendizaje (problemas de naturaleza comportamental o conductual). En otros casos, existe una confluencia de factores, biológicos y de aprendizaje, que mantienen o agravan el problema, pero no debemos confundir las enfermedades mentales (médicas) de otro tipo de problemática (psicológica).

(*) Otros artículos relacionados:
La Salud Mental en España.
Más Platón y Menos Prozac.
El tratamiento psicológico en los servicios de atención primaria
¿Pueden hacer algo los psicólogos con la esquizofrenia?.

Los celos en la relación de pareja

     A continuación os dejo el link del artículo de mi compañera Miriam Rocha acerca de los celos en la relación de pareja (Los celos: el enemigo en la relación de pareja.), donde hace una explicación y descripción muy completa e interesante de qué es lo que caracteriza precisamente a ese patrón comportamental, muy presente en las relaciones sentimentales y, en numerosas ocasiones, generador de muchos problemas. Espero que os guste y sea también de vuestro interés.

¿Qué es realmente la autoestima?

     Suelo escuchar muchos comentarios del tipo “últimamente no salgo mucho, tengo la autoestima por los suelos”, “Susana es muy callada porque tiene baja autoestima”, “no voy a decirle a ese chico que me gusta, primero tengo que gustarme yo”, etc. Lo que os quiero plantear es que reflexionéis realmente sobre el concepto AUTOESTIMA, pues afirmaciones de ese tipo son tautológicas.

Debido no sólo a mi formación, sino a mi experiencia diaria en la consulta, puedo concluir que la autoestima es un concepto DESCRIPTIVO y nunca explicativo. ¿Qué quiero decir? Que es una valoración global que hacemos a partir de nuestras experiencias pasadas y presentes, así como de nuestras expectativas futuras. Son las conductas diarias, los hechos concretos, nuestras circunstancias personales las que nos hacen resumir en una frase toda esa información. Es lógico que utilicemos expresiones sencillas para entendernos, etiquetas globales para resumir (pues las personas usamos muchos “atajos” para ahorrar tiempo y recursos), pero el uso erróneo de este tipo de expresiones (por parte de las personas, de los medios de comunicación e incluso de algunos profesionales), lo único que hace es que se piense que la autoestima (baja o alta) es algo inherente al ser humano y que, por ende, resulta muy difícil de modificar.

Hay gente que encontrará este debate carente de sentido porque lo tendrá tan claro que le resultará obvio. Pero si lo planteo es porque a diario me encuentro con personas que piensan que la autoestima es la causa o la responsable de ciertos comportamientos suyos, de modo que caen en explicaciones circulares del tipo: “no salgo porque tengo baja autoestima…”, “tengo baja autoestima porque no salgo…”.

Para entender mejor esto planteo la siguiente pregunta: ¿Qué hace una persona con una alta autoestima? Seguramente penséis en una persona activa socialmente (que se relacione mucho con los demás, que se apunte a eventos sociales con frecuencia, que mantenga contacto con sus amigos, que tome la iniciativa en conversaciones, que no tenga problemas para presentarse o hablar con personas desconocidas) e incluso físicamente (haciendo deporte, yendo a gimnasios, dando clases de pilates, cuidándose, etc.). También es posible que sea una persona que se arregle, que cuide su imagen, que le guste vestir bien (de acuerdo con sus gustos personales). Asimismo, será una persona con un discurso racional o incluso positivo con respecto a sí mismo (ej.: “se me da bien jugar al fútbol”, “hago una tortilla espectacular”, “conseguí una beca para estudiar fuera”, “voy a prepararme para las oposiciones”, etc.). Todas y cada una de estas conductas valen. Es decir, llevar a cabo estos comportamientos (pensar, sentir y actuar en esa línea) es lo que finalmente una persona tenga una buena valoración global de sí mimo.

En esto influyen especialmente las áreas que para nosotros son más importantes y nuestro desempeño o ejecución en las mismas (ej.: si para mí mi trabajo es muy importante y considero que mi ejecución o desempeño laboral es bueno, eso me hará sumar muchos puntos a mi autoestima). Asimismo, influyen las circunstancias que nos rodean (no nos olvidemos que cada persona es única, no sólo por su comportamiento e historia de aprendizaje, sino por sus circunstancias). En este sentido, diversos acontecimientos positivos o negativos que nos suceden o que acontecen a nuestro alrededor también pueden influir en nuestra autoestima (ej.: si me estoy preparando unas oposiciones y resulta que se suspende la convocatoria indefinidamente, tendré más dificultades para optar a la plaza que yo quería o me sentiré bastante frustrada por haber estado estudiando tanto tiempo para luego no poder presentarme). No obstante, no olvidemos que muchas veces no es tanto la situación a la que nos enfrentamos la que nos hace sentir de una u otra forma, sino la forma que tenemos de afrontar dicha situación (especialmente el discurso que manejamos en esas circunstancias, lo que interpretamos o nos decimos ante esa situación).

Rick Lavoie (especialista en educación especial) hace una analogía con las fichas de poker al hablar de la autoestima de los niños. El ejemplo puede ser útil para entender algunas de las ideas aquí presentadas y sobre todo para ver qué se puede hacer, no sólo para mejorar la autoestima de los chicos, sino la nuestra propia.

Yo añadiría al vídeo que, no obstante, también hay que enseñar a los chicos a “aguantar”. Es decir, no siempre hay que premiarles o de manera inmediata (y mucho menos de forma material). Los chicos, sobre todo según van siendo más mayores, deben aprender también que hay cosas que no saldrán a la primera o que cuesta conseguir ciertas cosas. Es lo que algunos autores llaman “tolerancia a la frustración”, algo que en la sociedad actual se está dejando bastante de lado. Asimismo, y por otra parte, los chicos han de aprender a discriminar perfectamente cuándo sus comportamientos son adecuados y cuándo son inadecuados, y esto en base a las consecuencias obtenidas (ej.: si un chico le pide salir a una chica de forma brusca o poco cuidadosa y ésta le dice que no, probablemente aprenda a hacerlo de otra manera la próxima vez; en este caso, es cierto que ha podido “perder fichas de poker”, pero eso también le puede ayudar a esforzarse y a aprender otras formas de actuación que le permitan conseguir -o al menos no perder- más fichas de poker en un futuro).

Por otro lado, un aspecto que hemos de considerar con los niños, es que llegada una edad ellos empiezan a recibir influencias de diversas áreas o ámbitos de su vida (amigos, colegio, etc.), muchas de las cuales escapan de nuestro control. Ahí coincido con Rick Lavoie cuando dice que hemos de procurar que, si bien puedan “perder fichas” en esos ámbitos, puedan recuperarlas en casa o en otros ámbitos que nosotros podamos controlar más, propiciando actividades o situaciones que ellos manejen adecuadamente o mediante refuerzos verbales. Esto no sólo ayudará a que “su balance de fichas” sea más positivo, lo cual sin duda va a influirles a la hora de afrontar otras áreas, sino que además aprenderán que en casa o con nosotros se sienten bien.

Con lo que no estoy de acuerdo es con la idea de que los padres tengan que luchar contra aquellas personas que “quitan fichas a nuestros hijos”; no considero que esto lo debamos hacer siempre, pues nuestros hijos también deben y pueden aprender a recuperarlas por sí mismos. Como he dicho antes, lo que sí podemos hacer es facilitar que puedan conseguirlas en otros ámbitos que sí están bajo nuestro control, pero no podemos ir con ellos siempre, acompañándoles y asegurándonos de que nadie les quite fichas o de que se las devuelvan.

No dudéis en dejar vuestras opiniones al respecto, seguro que resultarán muy enriquecedoras. Gracias.

VI Conferencia Internacional sobre Análisis de Conducta

     Los pasados días 24, 25 y 26 de Noviembre tuvo lugar, en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Granada, la VI Conferencia Internacional sobre Análisis de Conducta, organizada por la Association for Behavior Analysis International (ABAI). A ella asistieron líderes del análisis conductual de todo el mundo como Carlos Aparicio (Méjico), Erik Arntzen (Noruega), Deisy das Graças de Sousa (Brasil), María Xesús Froján Parga (España), Linda Hayes (Estados Unidos), Fergus Lowe (Reino Unido), Joseph Pear (Canadá), Kurt Salzinger (Estados Unidos), Naoko Sugiyama (Japón), François Tonneau (Francia), Héctor Martínez Sánchez (Méjico), Tomás Jesús Carrasco Giménez (España) y Javier Virués Ortega (España), entre otros.

Como asistente al congreso, he de decir que fue muy interesante y enriquecedor. Además del buen ambiente y la buena organización, las ponencias trataron temas muy relevantes como:

  • La motivación desde el punto de vista del análisis de la conducta.
  • Funciones de las instrucciones e implicaciones culturales.
  • Diferencias entre Condicionamiento Clásico y Operante.
  • Diferencias entre el control aversivo del comportamiento y el no aversivo.
  • Aplicaciones de la modificación de conducta en el autismo.
  • El papel de la religión y la filosofía en la conducta verbal.
  • Por qué funcionan los tratamientos psicológicos.
  • Las diferencias entre modificación de conducta, terapia de conducta y análisis conductual aplicado.
  • Las diferencias encontradas a raíz del análisis de las reglas emitidas por terapeutas expertos e inexpertos.

A continuación os dejo el link del blog de mi compañera Marina González en el que también habla del congreso: http://marinagbiber.wordpress.com/2011/11/29/congreso-abai-en-granada/

También adjunto una de mis fotos con María Xesús Froján Parga y su equipo de investigación, Héctor Martínez Sánchez y mis compañeras de ERGO Psicólogos.

“El retrato del psicópata” (artículo en El Mundo)

   A continuación os dejo un artículo muy interesante sobre la psicopatía o la sociopatía que aclara bastante bien el término, desmontando algunos de los tópicos que suelen acompañar a lo que se ha creído un trastorno o enfermedad mental (llegándose incluso a eximir rápidamente de culpa a estas personas o a reducir su pena por la supuesta patología psiquiátrica que padecen). Si esto fuese así, tal y como apunta el artículo, habría medicamentos que mejorarían esta “enfermedad”.

Lo que habría que ver realmente, o a donde habría que dirigir todos los esfuerzos, es a diseñar planes de intervención y de rehabilitación que realmente fuesen eficaces. Hasta ahora es posible que los intentos de rehabilitación hayan resultado bastante infructuosos (de modo que actualmente donde más hincapié se hace es en la prevención) y estoy de acuerdo con que la sociedad actual tiene mucho que ver. Pero es preciso hacer un análisis mucho más detallado. Cuando estas personas vuelven a su casa, ¿con qué entorno físico y social se encuentran? No olvidemos que el entorno o la sociedad no sólo propician determinados comportamientos, sino que también los mantienen (y el hecho de que se les suela reducir tanto la pena hasta el punto de eximirles de toda culpa, es una clara prueba de ello).

Por otra parte, más que “forma de ser” (como si de un tipo de personalidad característico se tratara), yo lo denominaría un patrón de comportamiento caracterizado por una serie de conductas que, de hecho, se vienen evaluando con diferentes instrumentos (como el sistema diagnóstico PCL-R, desarrollado por Robert Hare -psicólogo de la Universidad British Columbia de Canadá- y que también os adjunto a continuación).

[foto de la noticia]

– Artículo completo: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/11/18/neurociencia/1321635183.html#mitos.

Recomendación: ocioenpareja.org

Al igual que mi compañera Mila, os recomiendo el siguiente blog para poder acceder a las mejores y sugerencias de ocio en pareja. Espero que os resulte útil e interesante.

Recomendación: ocioenpareja.org.

“La verdad sobre la autoayuda”

     El pasado domingo 16 de Octubre, El País Semanal publicaba un artículo en su sección de psicología sobre “La verdad sobre la autoayuda” (por Borja Vilaseca). He de reconocer que, si bien estoy bastante de acuerdo con algunos de los puntos del mismo, hay otros que considero que merece la pena discutir.

Para empezar, Borja Vilaseca comienza planteando que, “debido a nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, a menudo construimos un estilo de vida de segunda mano, prefabricado“. Con esto interpreto que quiere decir que con esos problemas tendemos a “tirar por la vía fácil” (tal y como él mismo añade, y cito textualmente: “con el placer o la euforia temporal que nos proporciona el consumo de bienes materiales, los triunfos profesionales o el entretenimiento”). Yo aquí discrepo. Es cierto que muchas personas optan por la vía fácil (y más en la sociedad en la que vivimos donde toda solución ha de ser inmediata y lo más eficaz posible, independientemente de las consecuencias posteriores), pero no necesariamente por “falta de autoestima y de confianza en sí mismos” (habría que ver cómo operativiza Vilaseca estos conceptos -que no dejan de ser descriptivos y abstractos-). Dicho de otra manera, muchas personas optan por esa “vía” sin necesidad de tener esos problemas y, al revés, personas con esos problemas, no necesariamente optan por esa “solución”. Asimismo, el placer o la euforia temporal que nos puede proporcionar un bien material, un triunfo profesional o el entretenimiento, no tiene por qué ser necesariamente perjudicial para nosotros. Para una persona puede ser gratificante el hecho de conseguir comprarse una casa, lograr un ascenso o ir al cine el fin de semana sin que eso suponga realmente un problema (y mucho menos de autoestima o de confianza en sí mismo). Sí estoy de acuerdo con que el sector de la autoayuda se ha puesto de moda e incluso se ha consolidado como un negocio lucrativo, tal y como el autor comenta. Y sólo hay que ver cuánto tiempo o espacio dedican los diferentes medios a este tema. Yo iría más allá, pues esto mismo ha venido ocurriendo con la llamada “autoestima”, “depresión”, el “TDAH”, etc. e incluso con los fármacos. Incluso muchas veces se crean antes las soluciones a problemas que hay que “inventar” (de alguna forma) después (hay un artículo relacionado con este tema en mi blog también: https://galaalmazananton.wordpress.com/2011/08/03/mas-platon-y-menos-prozac/).

Con respecto a los “enemigos que se gana la autoayuda”, en línea de lo apuntado por Vilaseca, yo ampliaría el campo enemigo a todo el ámbito de la psicología. Desgraciadamente, nuestra disciplina es sujeto de mucho intrusismo y de mala praxis profesional. A diferencia de los médicos (que pueden derivar con un 80% de seguridad -sabiendo, con esa probabilidad, que el paciente va a caer en buenas manos-), creo que en nuestro caso ese porcentaje es mucho menor (por no decir a la inversa). Efectivamente, hay muchos “charlatanes” y “vendedores de humo” sin títulos oficiales que acrediten su competencia y profesionalidad. Estos son nuestros verdaderos enemigos, pues restan credibilidad a nuestra disciplina y van creando su mala fama (por ejemplo, muchos la tachan de “pseudociencia”).

En mi opinión, la autoayuda puede ser útil pero muy peligrosa. Es como cuando en consulta recomendamos un libro o una lectura determinada: debemos estar muy seguros de qué lectura se trata y de quién la va a leer (qué le puede aportar, cómo la va a interpretar, etc.). Libros, artículos (como éste mismo), etc. corren el riesgo de ser interpretados de diferentes maneras. Muchos autores, incluso, intentan proponer soluciones universales, estándares, que sirvan para todos. Y eso es un error. Cada problema, caso o persona es diferente y ha de analizarse o evaluarse de forma individualizada para que las pautas de intervención sean las más ajustadas y exitosas posibles. De ahí que los libros de autoayuda puedan “sugerir” ciertas cosas, hacer pensar al lector, llevarle a plantearse algunas cuestiones que le pueden servir de ayuda… Pero a la hora de pautar qué es lo que mejor le viene a cada uno, es preciso la evaluación individualizada de un profesional. No debemos caer en las “recetas universales”. De hecho, el propio Vilaseca apunta que “hay tantos caminos para encontrar lo que estamos buscando como seres humanos existen en el planeta”. Y es cierto que, dado que todos compartimos una misma base (yo no hablaría de “naturaleza humana”, sino de principios de aprendizaje -los cuales sí son universales, compartidos incluso con los animales-), existen ciertas claves que pueden facilitarnos el camino. Pero insisto en que dichas claves han de ajustarse a cada caso individual, pues lo que le puede servir a uno, puede no servirle a otros.

Otra cuestión con la que no estoy de acuerdo es con la afirmación de que “si bien los demás pueden escucharnos, apoyarnos y compartir con nosotros lo que han aprendido de sí mismos, nadie más puede resolver nuestros problemas y conflictos existenciales”. Es cierto que “cada uno está llamado a recorrer su propio camino”, pero los demás a veces se convierten en buenos compañeros de viaje. No nos olvidemos que también podemos aprender de los demás (observando su propio comportamiento y las consecuencias derivadas del mismo, comentando con ellos nuestras propias experiencias, etc.). Lógicamente, el consejo de un amigo, no va a ser equiparable al de un profesional (entre otras cosas, porque los psicólogos no damos consejos, damos pautas e instrucciones según lo que hemos evaluado y creemos conveniente para la persona -otra cosa es que ésta decida seguir dichas pautas-). Pero Vilaseca incluso defiende que nadie puede ayudarnos, en todo caso acompañarnos, y que “pensar lo contrario es un acto de soberbia y de superioridad”. No estoy de acuerdo. Hay muy buenos psicólogos capacitados para ayudar a las personas y los resultados lo demuestran. Y es cierto que la relación entre terapeuta-cliente es asimétrica, pero precisamente eso es lo que promueve o facilita el cambio y no se debe a que nos guste posicionarnos por encima de los que necesitan esa ayuda. Dicho de otra manera, la relación entre terapeuta y cliente siempre es desigual, pues al fin y al cabo es una relación profesional (al menos, en lo que a la Terapia de Conducta se refiere, donde se excluyen relaciones de otra índole -amistad, enamoramiento, etc.-). El objetivo de la terapia es promover cambios en los clientes, no establecer una bonita relación social. Esto ha de quedar siempre perfectamente claro, pues ayudará a que el cliente comprenda que sus posibles demandas de relaciones fuera del contexto terapéutico, de haberlas, no serán atendidas. De lo contrario, sería equivalente a la relación entre compañeros o amigos (muy sanas y recomendables, por otro lado). Ese “aprendizaje recíproco” del que habla el autor, en relación a las personas que ejercen temporalmente el rol de acompañante procurando mantenerse al mismo nivel que la otra persona, es el propio de amigos y compañeros, no de profesionales con sus clientes. Los profesionales, más allá de tener una experiencia más o menos amplia con más o menos clientes, han aprendido lo que tienen que aprender y se trata de aplicarlo en ese caso concreto. Lógicamente, cada caso nos aporta algo distinto y siempre estamos aprendiendo, pero no en la línea que apunta Vilaseca (no al mismo nivel que nuestro cliente). Nosotros, como profesionales, tenemos el deber de dar un servicio y atender a una demanda que se nos ha planteado. De lo contrario, sería como ponernos mano a mano con el arquitecto para hacer nuestra casa, pues ambos tendríamos que aprender a diseñarla y construirla.

Sí coincido con la idea de que es fundamental que recibamos con escepticismo y pensamiento crítico (una cualidad, para mí, imprescindible) cualquier tipo de información o reflexión. Como yo misma apuntaba antes, vivimos en una sociedad en la que todo acontece muy rápido y apenas nos percatamos de los pequeños detalles. Y pararnos a pensar o a reflexionar sobre ciertas cosas es, para muchos, una pérdida de tiempo. El resultado es que “acatan” lo que se les dice, hacen lo que otros hacen, siguen a la multitud, etc. sin plantearse si es realmente lo que ellos quieren, lo que mejor les viene, sin someter a crítica no sólo los mensajes externos, sino los suyos propios.

Por último, sí me gustaría comentar otro tema del que ya he hablado en este blog. Efectivamente, estoy de acuerdo con el autor cuando comenta que muchas personas que buscan asesoramiento para solucionar cualquier problema (o simplemente mejorar cualquier ámbito de su vida), buscan una solución a corto plazo. Yo esto lo volvería a equiparar con el “pastillazo” o incluso con patrones de conducta desadaptativos (ej.: atracones de comida, abuso del alcohol, etc.) que se mantienen precisamente por reducir ese malestar de manera inmediata, sin sopesar las consecuencias a largo plazo (en muchos de estos casos, claramente disruptivas). Es cierto que muchas personas llegan esperando una “fórmula mágica” que erradique su sufrimiento y por esos muchos caen en el abuso de la medicación (remito al mismo artículo que he mencionado antes). Son realmente pocas las personas dispuestas a trabajar y a asumir que son “cocreadores y corresponsables tanto de su estado de ánimo como de sus circunstancias actuales o problemas”. También coincido con que muchas personas empiezan a hacer cursos, leer libros de autoayuda, etc. sin apenas dedicar tiempo para procesar lo que van aprendiendo y poner en práctica dicha información (pues muchas veces el mejor aprendizaje se realiza practicando -lo que llamamos “ensayo y error”-). Usando la expresión del propio autor, “más que eruditos, lo esencial es que aprendamos a ser sabios”. Es cierto que la acumulación de información (más que de conocimiento) puede llegar a ser un obstáculo. De hecho, actualmente vivimos en la sociedad de la información y es preciso saber manejarla para que realmente conduzca a un buen conocimiento. También me gusta la definición que hace de “sabiduría”: la capacidad de obtener resultados satisfactorios de forma voluntaria, lo cual es cuestión de compromiso y entrenamiento. Ahora bien, la idea de que “la comprensión y sabiduría ya se encuentran en nuestro interior y que tan sólo hemos de eliminar las capas de condicionamiento que nos separan de ellas” me recuerda al concepto platónico. Creo entender a qué se refiere el autor (insistiendo en la necesidad de ser más críticos con lo que nos rodea), pero no nos olvidemos que la mayoría del comportamiento humano responde a procesos de condicionamiento, pues vivimos en un entorno (físico y social) del cual no podemos ser aislados y que claramente nos influye en todo momento.

(*) Artículos relacionados:

https://galaalmazananton.wordpress.com/2011/08/03/mas-platon-y-menos-prozac/

(*) Películas relacionadas:

– Love Happens (2009).