Cuando bebemos alcohol, ¿somos socialmente más habilidosos?

     La gente tiende a pensar que al tomarse unas copas “algo en ellos cambia”, como si se convirtieran en otras personas, pasando a ser más sociables, abiertos, divertidos, locuaces, etc. ¿Qué hay de verdad en todo esto?

Varios estudios han demostrado que el alcohol, lejos de “convertirnos en otras personas”, lo único que hace es desinhibir la conducta, en todo caso. El alcohol tiene un efecto bifásico sobre el cuerpo, lo cual quiere decir que sus efectos cambian con el tiempo. Inicialmente, produce sensaciones de relajación y alegría, pero el consumo posterior puede llevar a tener visión borrosa y problemas de coordinación. El consumo de alcohol inhibe gradualmente las funciones cerebrales, afectando en primer lugar a las emociones (cambios súbitos de humor), los procesos de pensamiento y el juicio. Si continúa la ingesta de alcohol se altera el control motor, produciendo mala pronunciación al hablar, reacciones más lentas y pérdida del equilibrio. También altera la acción de los neurotransmisores, pues modifica su estructura y función. Ello produce múltiples efectos: disminución de la alerta, retardo de los reflejos, cambios en la visión, pérdida de coordinación muscular, temblores y alucinaciones. Disminuye el autocontrol, afecta a la memoria, la capacidad de concentración y las funciones motoras. ¿Se puede concluir que el alcohol ayuda a relacionarse?

El resultado es que puede dar un empujón y predisponer a desplegar una serie de conductas o habilidades que ya estaba incluido en nuestro repertorio básico de conducta. Esto quiere decir que alguien que no ha aprendido a ser socialmente habilidoso, por más que beba no va a convertirse en una persona sociable, extrovertida o abierta con la gente. Más bien, que aquella persona que ya sepa hacerlo (pero que no quiera o no pueda poner en marcha esos comportamientos), tiene más papeletas (simplemente) para hacerlo.

En el siguiente estudio liderado por Laurent Begue en la Universidad de Pierre-Mendes (Francia), se demuestra cómo lo que realmente hace disparar ese repertorio de habilidades no es el hecho de haber bebido o no, sino el hecho de haber creído que se bebía alcohol o no. ¿Qué implica esto? Muy sencillo. No es tanto la sustancia en sí, sino el hecho de pensar que por haber bebido, estoy siendo más atractiva, sociable, abierta… De nuevo, una cuestión conductual (de cómo lo que pensamos influye en cómo nos sentimos y en cómo actuamos, influyendo estos componentes, a su vez, en cómo pensamos; y así sucesivamente, retroalimentándose todos los componentes entre sí).

Se nos olvida que muchas veces, si bien “la química puede influir en nuestra conducta”, “la conducta puede influir en nuestra química”. Empezar a hablar más con la gente (sin cortarnos tanto, tomando más la iniciativa en las conversaciones o a la hora de presentarnos a alguien), reírnos más, hablar de más temas, lanzarse a bailar, etc. puede producir una serie de emociones y sensaciones que, a su vez, promuevan que yo me vaya desinhibiendo y vaya “rompiendo el hielo” (justo el mismo “empujoncito” que podría provocar una copa en una persona). Pero la diferencia entre un caso y otro (esto es, entre experimentar ese “empujón” por medio de mi propio comportamiento y experimentarlo a base de beber alcohol) es clara: la “dependencia” a una sustancia para saber comportarme (como uno considera adecuado o pertinente) en una situación dada. Eso nos hace estar dependientes siempre de algo externo y, por tanto, nos limita. Es como si una persona sólo supiese hablar con personas del sexo opuesto cuando estuviese su amigo/a delante. ¿Qué pasaría si su amigo/a no estuviese? Que o bien esa persona se queda en casa (en lugar de poder estar divirtiéndose), o sale pero sólo se relaciona con gente conocida o de su mismo sexo, etc. estando siempre “a expensas de lo de fuera”, sin poder asumir él/ella el control sobre la situación. También es el caso de las personas que sólo saben salir si beben (de manera que si no hay alcohol de por medio -porque el sitio donde han ido no lo ofrece, porque se les ha acabado, porque el resto de personas quiere salir en otro plan, etc.-, esa persona probablemente no sepa pasárselo bien, no sepa divertirse, estar igual de sociable o extrovertida, etc. lo cual es, sin duda, una pena).

Todo eso sin contar con los efectos adversos del alcohol, claro.