El “egoísmo sano” en las relaciones de pareja

     La primera reacción que tenemos cuando hablamos de egoísmo es que es algo negativo que debemos evitar para no actuar mal. Un argumento que se suele utilizar es que si algo ha quedado constatado a lo largo del tiempo es que han sido las conductas generosas las que han permitido que hoy estemos donde estamos como especie. Sin embargo, la supervivencia precisamente nos aboca a una especie de “egoísmo sano” necesario para seguir viviendo, pues si no miramos por nuestros intereses, nos irá mal y entonces sí que no estaremos en condiciones de ayudar a los demás.

Llevado al ámbito de las relaciones de pareja, esto nos lleva a uno de los principios que forman la base de cualquier relación: el de reciprocidad (dar y recibir). Es cierto que uno no debe dar exclusivamente para recibir, pero se espera que al dar, algo se reciba (aunque no sea lo mismo o en la misma medida). Una relación, igual que toda acción o decisión, ha de compensar de algún modo. De hecho, muchas veces nos sentimos <<obligados>> (casi por tradición cultural) a recibir lo que se nos da o a corresponder en la misma medida (ej.: está mal visto no devolver un favor, no agradecer un regalo, no dar algo a cambio de lo recibido, nos cuesta mucho decir “no” a alguien”, no invitar a quienes nos invitaron a su boda, etc.). La diferencia está en saber que no estamos obligados y que tenemos derecho a aceptar o no, a devolver o no. Pero es cierto que, en la medida en que algo no nos compense, dejaremos de hacerlo. Por lo que es sano velar por los intereses de cada uno. Para esto suele ser necesario un buen entrenamiento en asertividad (decir lo que uno piensa sin ofender, no permitir que las opiniones de los demás nos ofendan, etc.).

Por otra parte, conviene tener presente que “egoísmo” no es lo mismo que “egocentrismo”. No se trata de hacer <<todo>> para uno mismo, sino de hacer lo que mejor le conviene a uno para que las relaciones sean equilibradas, satisfactorias y beneficiosas para todas las partes implicadas. Se trata de buscar el bienestar o la satisfacción, pero también de saber que no se está obligado a recibir o devolver algo. Todo esto disminuye el estrés, la ansiedad y la frustración al tiempo que aumenta el bienestar y nos da “fuerzas” para afrontar diversas dificultades o situaciones. Aquellas personas que deciden no ser “sanos egoístas” tienen que aceptar vivir más en función de los demás (de sus decisiones, criterios, deseos, opiniones, etc.). Esto no implica que no se deban hacer cosas por el otro, sólo implica que esas cosas se hacen por el bienestar del otro <<y>> de uno mismo (ya sea porque la otra persona nos lo va a devolver de otra forma o porque verle bien me hace sentir bien a mí). Por lo que es igual de importante corresponder al otro (también “sano egoísta”) con gestos cariñosos, atenciones a sus necesidades, etc. Este “egoísmo sano” también ayuda a entender un “no” de la pareja como una expresión sana de lo que necesita en ese momento, sin que signifique un rechazo ni un enfado.

En definitiva, una pareja sana es aquélla cuyos miembros buscan su felicidad <<y>> la de su pareja, sin buscar únicamente su propia satisfacción. Esto implica, pues, “generosidad recíproca” (dar y recibir), pues las relaciones se consolidan con lo que ambos se aportan mutuamente. Y esto cobra especial importancia en las relaciones estables y duraderas. Como se ha dicho, todas las relaciones de pareja evolucionan, pero es preciso seguir cuidándolas. No hay que olvidar las acciones, gestos, palabras, etc. que demuestren a nuestra pareja que la valoramos, admiramos, apreciamos, etc. (ej.: un marido que no da muestras de cariño o afecto a su mujer, aludiendo que “ella ya sabe que la quiere”). Todo cuanto sucede no ocurre en el vacío, sino que tiene unas consecuencias. Y éstas determinarán si la conducta que se ha llevado a cabo se volverá más o menos probable en el futuro. En este sentido, si damos y no recibimos, nos acabamos cansando. Por lo que hay que procurar decir con relativa frecuencia lo que nos gusta del otro y no olvidar esos pequeños detalles, dando muestras de cariño y afecto. Si además lo hacemos en aquellos momentos donde la otra persona hace algo que nos resulta agradable, incrementaremos las probabilidades de que lo haga en un futuro.

En una relación de pareja… ¿aceptación = conformismo o resignación?

   Muchas personas nos plantean esta pregunta en consulta, sobre todo en su intento por evitar el conformismo o la resignación en sus relaciones de pareja. Lo cierto es que estas últimas 2 palabras tienen una connotación muy negativa, por lo que conviene matizar qué es lo que hacemos realmente cuando decidimos aceptar ciertas cosas en una relación.

Cuando una persona dice aceptar a la otra con sus puntos fuertes y sus puntos débiles, lo que viene a decir es que, tras haber hecho un balance, ha concluido que le compensa (lo que le aporta, compensa o agrada supera lo que le desagrada). Pero no todo el mundo sabe llevar a cabo (con hechos) esta aceptación, ya que muchas personas caen en los reproches y exigencias continuos.Aquí es fundamental tener en cuenta que la perfección no existe (y podemos frustrarnos si la intentamos encontrar a toda costa). En este sentido, la persona que tenemos a nuestro lado seguramente tenga sus virtudes y sus defectos, al igual que todas las demás personas, incluidos nosotros. En línea con esto, es importante hacer un balance de pros-contras y ver si nos compensa o no mantener una relación con esa persona. Aquí también entra en juego la negociación, pues aquellos aspectos que no nos gustan pueden ser modificados o eliminados por nuestra pareja si se lo pedimos y negociamos con ella, siempre que esté dispuesta a cambiar. Y en caso de que no quieran cambiarlos, entonces tendremos que decidir nosotros si estamos dispuestos a aceptarlos (porque haya otras cosas que compensen) o no. Por lo que si hay aspectos que directamente no aceptamos de ninguna manera y el otro no los quiere cambiar, tendremos que replantearnos la relación (pues el balance se desequilibra). Lo que hay que tener en cuenta es que el hecho de que la situación nos compense no quiere decir que esté exenta de “inconvenientes”. Por eso es fundamental la aceptación (de aquellos aspectos que no nos gustan pero que respetamos y hemos decidido asumir). Tenemos que tener presente que, por mucho que queramos, no podemos cambiar a los demás si éstos no quieren y/o no pueden (podemos influir en su comportamiento, pero no determinarlo).

Relacionado con esto, un error muy frecuente que nos encontramos en consulta es aquél que cometen ciertas personas cuando pretenden que la otra persona cambie completamente su comportamiento y/o con el paso del tiempo. Esto suele generar confusión y suscitar muchos problemas. En una relación se cambian muchos aspectos o detalles, pues nos amoldamos y adaptamos a ella, pero es un riesgo esperar que se cambien todas las formas de pensar, actitudes, costumbres, etc., ya que suele tratarse de una expectativa demasiado exigente, irracional y extremista.

Por tanto, en una relación de pareja siempre estamos en disposición de elegir o decidir. Si seguimos con nuestra pareja sin introducir cambios, estamos decidiendo mantener esa situación, pero no porque no tengamos otras opciones, sino porque nos compensa (al menos de momento, pues siempre tendremos derecho a cambiar de opinión, máxime si cambian las circunstancias o cambia el comportamiento de mi pareja). Y esto no nos convierte necesariamente en conformistas en su sentido literal (esto es, en personas que aceptamos fácilmente cualquier circunstancia, especialmente cuando es adversa o injusta).

Entrevista para Telemadrid

   El pasado 11 de Marzo publicaron la entrevista que me hicieron los del programa “Aquí en Madrid” (para Telemadrid) acerca de los vídeos violentos que se graban en Internet. ¿Qué les lleva a colgarlos? ¿Qué mantiene ese patrón? ¿Cuál es el perfil de este tipo de gente? Éstas son algunas de las preguntas que me hicieron en la entrevista.

Dado que ya han retirado el programa de su página, y a la espera de recuperarlo, os dejo algunas imágenes.

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“Cuando los vínculos afectivos se convierten en una adicción” (colaboración para la revista InDependientes)

A continuación, os dejo el enlace del reportaje de Laura Ibáñez sobre las dependencias relacionales para el que concedí una entrevista hace unas semanas. ¡Espero que os guste!

Primera parte: http://revistaindependientes.com/las-dependencias-relacionales-cuando-los-vinculos-afectivos-se-convierten-en-una-adiccion-primera-parte/

Segunda parte: http://revistaindependientes.com/las-dependencias-relacionales-cuando-el-amor-se-convierte-en-una-adiccion-segunda-parte/

Mitos en torno al amor romantico

“Crónica de un amor anunciado” (reportaje de Ximena Vargas)

Os dejo el link del reportaje que ha hecho Ximena Vargas, y con el que he tenido el placer de colaborar, acerca de la popularidad que están teniendo las aplicaciones móviles para ligar. ¡Espero que os guste!

http://debajodelabutaca.wordpress.com/2014/11/23/85/

 

“Análisis del cambio en un problema de adicción al alcohol. Estudio de un caso” (nuevo artículo publicado en la revista Clínica y Salud)

   Clínica y SaludYa ha sido publicado el artículo que he podido redactar junto con mis compañeras y miembros del Equipo ERGO Psicólogos (Marina González Biber y Miriam Rocha Díaz) en la revista del Colegio Oficial de Psicólogos “Clínica y Salud”. El artículo, que espero sea de vuestro interés, analiza el proceso de cambio de un caso de adicción al alcohol y lo podéis consultar en el siguiente enlace: Análisis del cambio en un problema de adicción al alcohol. Estudio de un caso.

Clínica y Salud

Podéis consultar muchos más artículos en Revista Clínica y Salud. ¡Espero que os guste!

“La verdad sobre la autoayuda”

     El pasado domingo 16 de Octubre, El País Semanal publicaba un artículo en su sección de psicología sobre “La verdad sobre la autoayuda” (por Borja Vilaseca). He de reconocer que, si bien estoy bastante de acuerdo con algunos de los puntos del mismo, hay otros que considero que merece la pena discutir.

Para empezar, Borja Vilaseca comienza planteando que, “debido a nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, a menudo construimos un estilo de vida de segunda mano, prefabricado“. Con esto interpreto que quiere decir que con esos problemas tendemos a “tirar por la vía fácil” (tal y como él mismo añade, y cito textualmente: “con el placer o la euforia temporal que nos proporciona el consumo de bienes materiales, los triunfos profesionales o el entretenimiento”). Yo aquí discrepo. Es cierto que muchas personas optan por la vía fácil (y más en la sociedad en la que vivimos donde toda solución ha de ser inmediata y lo más eficaz posible, independientemente de las consecuencias posteriores), pero no necesariamente por “falta de autoestima y de confianza en sí mismos” (habría que ver cómo operativiza Vilaseca estos conceptos -que no dejan de ser descriptivos y abstractos-). Dicho de otra manera, muchas personas optan por esa “vía” sin necesidad de tener esos problemas y, al revés, personas con esos problemas, no necesariamente optan por esa “solución”. Asimismo, el placer o la euforia temporal que nos puede proporcionar un bien material, un triunfo profesional o el entretenimiento, no tiene por qué ser necesariamente perjudicial para nosotros. Para una persona puede ser gratificante el hecho de conseguir comprarse una casa, lograr un ascenso o ir al cine el fin de semana sin que eso suponga realmente un problema (y mucho menos de autoestima o de confianza en sí mismo). Sí estoy de acuerdo con que el sector de la autoayuda se ha puesto de moda e incluso se ha consolidado como un negocio lucrativo, tal y como el autor comenta. Y sólo hay que ver cuánto tiempo o espacio dedican los diferentes medios a este tema. Yo iría más allá, pues esto mismo ha venido ocurriendo con la llamada “autoestima”, “depresión”, el “TDAH”, etc. e incluso con los fármacos. Incluso muchas veces se crean antes las soluciones a problemas que hay que “inventar” (de alguna forma) después (hay un artículo relacionado con este tema en mi blog también: https://galaalmazananton.wordpress.com/2011/08/03/mas-platon-y-menos-prozac/).

Con respecto a los “enemigos que se gana la autoayuda”, en línea de lo apuntado por Vilaseca, yo ampliaría el campo enemigo a todo el ámbito de la psicología. Desgraciadamente, nuestra disciplina es sujeto de mucho intrusismo y de mala praxis profesional. A diferencia de los médicos (que pueden derivar con un 80% de seguridad -sabiendo, con esa probabilidad, que el paciente va a caer en buenas manos-), creo que en nuestro caso ese porcentaje es mucho menor (por no decir a la inversa). Efectivamente, hay muchos “charlatanes” y “vendedores de humo” sin títulos oficiales que acrediten su competencia y profesionalidad. Estos son nuestros verdaderos enemigos, pues restan credibilidad a nuestra disciplina y van creando su mala fama (por ejemplo, muchos la tachan de “pseudociencia”).

En mi opinión, la autoayuda puede ser útil pero muy peligrosa. Es como cuando en consulta recomendamos un libro o una lectura determinada: debemos estar muy seguros de qué lectura se trata y de quién la va a leer (qué le puede aportar, cómo la va a interpretar, etc.). Libros, artículos (como éste mismo), etc. corren el riesgo de ser interpretados de diferentes maneras. Muchos autores, incluso, intentan proponer soluciones universales, estándares, que sirvan para todos. Y eso es un error. Cada problema, caso o persona es diferente y ha de analizarse o evaluarse de forma individualizada para que las pautas de intervención sean las más ajustadas y exitosas posibles. De ahí que los libros de autoayuda puedan “sugerir” ciertas cosas, hacer pensar al lector, llevarle a plantearse algunas cuestiones que le pueden servir de ayuda… Pero a la hora de pautar qué es lo que mejor le viene a cada uno, es preciso la evaluación individualizada de un profesional. No debemos caer en las “recetas universales”. De hecho, el propio Vilaseca apunta que “hay tantos caminos para encontrar lo que estamos buscando como seres humanos existen en el planeta”. Y es cierto que, dado que todos compartimos una misma base (yo no hablaría de “naturaleza humana”, sino de principios de aprendizaje -los cuales sí son universales, compartidos incluso con los animales-), existen ciertas claves que pueden facilitarnos el camino. Pero insisto en que dichas claves han de ajustarse a cada caso individual, pues lo que le puede servir a uno, puede no servirle a otros.

Otra cuestión con la que no estoy de acuerdo es con la afirmación de que “si bien los demás pueden escucharnos, apoyarnos y compartir con nosotros lo que han aprendido de sí mismos, nadie más puede resolver nuestros problemas y conflictos existenciales”. Es cierto que “cada uno está llamado a recorrer su propio camino”, pero los demás a veces se convierten en buenos compañeros de viaje. No nos olvidemos que también podemos aprender de los demás (observando su propio comportamiento y las consecuencias derivadas del mismo, comentando con ellos nuestras propias experiencias, etc.). Lógicamente, el consejo de un amigo, no va a ser equiparable al de un profesional (entre otras cosas, porque los psicólogos no damos consejos, damos pautas e instrucciones según lo que hemos evaluado y creemos conveniente para la persona -otra cosa es que ésta decida seguir dichas pautas-). Pero Vilaseca incluso defiende que nadie puede ayudarnos, en todo caso acompañarnos, y que “pensar lo contrario es un acto de soberbia y de superioridad”. No estoy de acuerdo. Hay muy buenos psicólogos capacitados para ayudar a las personas y los resultados lo demuestran. Y es cierto que la relación entre terapeuta-cliente es asimétrica, pero precisamente eso es lo que promueve o facilita el cambio y no se debe a que nos guste posicionarnos por encima de los que necesitan esa ayuda. Dicho de otra manera, la relación entre terapeuta y cliente siempre es desigual, pues al fin y al cabo es una relación profesional (al menos, en lo que a la Terapia de Conducta se refiere, donde se excluyen relaciones de otra índole -amistad, enamoramiento, etc.-). El objetivo de la terapia es promover cambios en los clientes, no establecer una bonita relación social. Esto ha de quedar siempre perfectamente claro, pues ayudará a que el cliente comprenda que sus posibles demandas de relaciones fuera del contexto terapéutico, de haberlas, no serán atendidas. De lo contrario, sería equivalente a la relación entre compañeros o amigos (muy sanas y recomendables, por otro lado). Ese “aprendizaje recíproco” del que habla el autor, en relación a las personas que ejercen temporalmente el rol de acompañante procurando mantenerse al mismo nivel que la otra persona, es el propio de amigos y compañeros, no de profesionales con sus clientes. Los profesionales, más allá de tener una experiencia más o menos amplia con más o menos clientes, han aprendido lo que tienen que aprender y se trata de aplicarlo en ese caso concreto. Lógicamente, cada caso nos aporta algo distinto y siempre estamos aprendiendo, pero no en la línea que apunta Vilaseca (no al mismo nivel que nuestro cliente). Nosotros, como profesionales, tenemos el deber de dar un servicio y atender a una demanda que se nos ha planteado. De lo contrario, sería como ponernos mano a mano con el arquitecto para hacer nuestra casa, pues ambos tendríamos que aprender a diseñarla y construirla.

Sí coincido con la idea de que es fundamental que recibamos con escepticismo y pensamiento crítico (una cualidad, para mí, imprescindible) cualquier tipo de información o reflexión. Como yo misma apuntaba antes, vivimos en una sociedad en la que todo acontece muy rápido y apenas nos percatamos de los pequeños detalles. Y pararnos a pensar o a reflexionar sobre ciertas cosas es, para muchos, una pérdida de tiempo. El resultado es que “acatan” lo que se les dice, hacen lo que otros hacen, siguen a la multitud, etc. sin plantearse si es realmente lo que ellos quieren, lo que mejor les viene, sin someter a crítica no sólo los mensajes externos, sino los suyos propios.

Por último, sí me gustaría comentar otro tema del que ya he hablado en este blog. Efectivamente, estoy de acuerdo con el autor cuando comenta que muchas personas que buscan asesoramiento para solucionar cualquier problema (o simplemente mejorar cualquier ámbito de su vida), buscan una solución a corto plazo. Yo esto lo volvería a equiparar con el “pastillazo” o incluso con patrones de conducta desadaptativos (ej.: atracones de comida, abuso del alcohol, etc.) que se mantienen precisamente por reducir ese malestar de manera inmediata, sin sopesar las consecuencias a largo plazo (en muchos de estos casos, claramente disruptivas). Es cierto que muchas personas llegan esperando una “fórmula mágica” que erradique su sufrimiento y por esos muchos caen en el abuso de la medicación (remito al mismo artículo que he mencionado antes). Son realmente pocas las personas dispuestas a trabajar y a asumir que son “cocreadores y corresponsables tanto de su estado de ánimo como de sus circunstancias actuales o problemas”. También coincido con que muchas personas empiezan a hacer cursos, leer libros de autoayuda, etc. sin apenas dedicar tiempo para procesar lo que van aprendiendo y poner en práctica dicha información (pues muchas veces el mejor aprendizaje se realiza practicando -lo que llamamos “ensayo y error”-). Usando la expresión del propio autor, “más que eruditos, lo esencial es que aprendamos a ser sabios”. Es cierto que la acumulación de información (más que de conocimiento) puede llegar a ser un obstáculo. De hecho, actualmente vivimos en la sociedad de la información y es preciso saber manejarla para que realmente conduzca a un buen conocimiento. También me gusta la definición que hace de “sabiduría”: la capacidad de obtener resultados satisfactorios de forma voluntaria, lo cual es cuestión de compromiso y entrenamiento. Ahora bien, la idea de que “la comprensión y sabiduría ya se encuentran en nuestro interior y que tan sólo hemos de eliminar las capas de condicionamiento que nos separan de ellas” me recuerda al concepto platónico. Creo entender a qué se refiere el autor (insistiendo en la necesidad de ser más críticos con lo que nos rodea), pero no nos olvidemos que la mayoría del comportamiento humano responde a procesos de condicionamiento, pues vivimos en un entorno (físico y social) del cual no podemos ser aislados y que claramente nos influye en todo momento.

(*) Artículos relacionados:

https://galaalmazananton.wordpress.com/2011/08/03/mas-platon-y-menos-prozac/

(*) Películas relacionadas:

– Love Happens (2009).