¡Nos cambiamos de sitio!

Nuevos tiempos, nueva imagen, pero con la misma dinámica ¡y muchos contenidos relacionados con la Psicología! Si os ha gustado mi blog hasta ahora, os invito a conocer el nuevo en:

https://galaalmazan.wordpress.com/

¡Os espero a todos!

Muchas gracias y nos vemos allí🙂

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Entrevista en Libertad FM

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Con motivo de San Valentín, podéis escucharme en La cita con José Luis Benejam, el programa de Libertad FM, hablando sobre las nuevas tecnologías y su influencia en las relaciones de pareja, un tema que ya he abordado en ocasiones anteriores en los siguientes posts de este blog:

Los mensajes escritos en las relaciones de pareja

Qué daño nos ha hecho Whatsapp

Las relaciones de pareja y las nuevas tecnologías

La búsqueda de pareja en Internet

Para escuchar la entrevista, podéis pinchar este enlace (es a partir del minuto 39).

También podéis consultar los posts en los que hablé detenidamente de las claves para aumentar la probabilidad de encontrar pareja en Facebook:

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Parte 4

Parte 5

Parte 6

Parte 7

Colaboración con COPE Pontevedra

Empezamos año nuevo, pero seguimos con muchos proyectos.

Entre ellos, ya sabéis que todos los miércoles por las mañanas podréis escucharme en COPE Pontevedra, donde intervengo para resolver dudas y preguntas que tienen que ver con las relaciones de pareja. No dudéis en hacérnoslas llegar, ¡os esperamos!

Aquí os dejo los links de los últimos miércoles. Seguiré poniendo el resto.

Colaboración con el programa “Es Sexo” de esRadio, con Ayanta Barilli y Eva Guillamón

    Anoche tuve el placer de colaborar con el programa “Es Sexo” de esRadio, presentado por Ayanta Barilli junto con Eva Guillamón, hablando de las rupturas de pareja. Ya lo podéis escuchar en el siguiente link (a partir del minuto 58). ¡Espero que os guste!

Ayanta y Eva reflexionan sobre cómo el sexo puede ayudar a superar un fracaso amoroso y paliar el dolor por la ruptura sentimental.

Colaboración con COPE Pontevedra

Todos los miércoles por las mañanas podréis escucharme en COPE Pontevedra, donde intervengo para resolver dudas y preguntas que tienen que ver con las relaciones de pareja. No dudéis en hacérnoslas llegar, ¡os esperamos!

Aquí os dejo los links de los últimos miércoles. Seguiré poniendo el resto.

Las fases en las relaciones de pareja

     Todas las relaciones, mantenidas en el tiempo, evolucionan. Los expertos en el tema suelen distinguir entre las siguientes fases:

  • Fase de atracción o química. El peso fundamental recae sobre la imagen que tenemos de la otra persona, el atractivo físico que despierta en nosotros, etc. Es donde tiene lugar el famoso “tonteo”.
  • Fase de incertidumbre. Aunque vamos conociendo a la otra persona y ya no es sólo el aspecto físico el que nos interesa, todavía hay inseguridades, preguntas sin responder, intriga, etc. Es aquí donde entraría sobre todo el “juego de la seducción” a través de mensajes implícitos, segundas intenciones, etc.
  • Fase de exclusividad. Es típico que, llegados a este punto de una relación, la persona dedique o quiera dedicar gran parte de su tiempo a la persona que quiere o que le gusta (ya sea pensando en ella, estando con ella, etc.). Es una fase que se vive con gran intensidad y nuestro cuerpo reacciona en esa línea (casi desproporcionadamente, con toda una sintomatología característica: “nudo en el estómago o en la garganta”, “presión en el pecho”, etc.). Si siempre estuviésemos en esta fase, nos desgastaríamos.
  • Fase de intimidad y compromiso. Implica un paso más, pues es cuando se acepta la pareja, con sus pros y sus contras, sus defectos y sus virtudes, habiendo hecho un balance entre los mismos y habiendo concluido que la relación realmente compensa como para seguir avanzando, creando planes conjuntos y de futuro. Es característico de esta fase que algunos teman “perder la chispa” o “no sentir lo mismo de antes”. Es normal que, conforme el tiempo pasa, las emociones pierdan intensidad, pues se produce un fenómeno de habituación (en el sentido de saber que la persona “va a seguir ahí”). Es decir, nos hemos habituado no sólo a experimentar sentimientos o emociones positivas hacia la otra persona, sino a pensar en ella, a hacer las cosas con ella, a esperar que “esté ahí”, etc. En definitiva, nos acostumbramos y, por ende, dejamos de reaccionar con la misma intensidad. Esto quiere decir que es normal que ese “gusanillo” o esas “mariposas en el estómago” se vayan apaciguando con el tiempo, sin que implique que ya no sintamos algo por la otra persona o que hayamos dejado de quererla. Hay personas que sólo buscan esa “intensidad emocional” y que por eso evitan relaciones formales, serias o estables. Otras, por el contrario, buscan estabilidad, tener a alguien en quien apoyarse y en quien confiar, con la que compartir proyectos y expectativas a largo plazo, y son las que esperan llegar a esta fase. El problema es cuando la persona duda o quiere tener sólo las ventajas de cada tipo de relación (“una relación novedosa, pero que me dé estabilidad y seguridad a largo plazo”). La clave, para quienes llegan y quieren alcanzar esta fase, está efectivamente en seguir cuidando la relación con detalles que mantengan en la medida de lo posible esa intensidad, ese componente sorpresa, para no caer en la rutina y el aburrimiento.
  • Fase de cierre. Esta última fase no tiene por qué ocurrir siempre ni después de la fase de exclusividad o de compromiso. En cualquier caso, hay que tener presente que muchas veces las relaciones se acaban. Sin embargo, en las consultas sobre temas de pareja, encontramos que a las personas les genera mucho malestar (frustración, ira y tristeza) el hecho de que una relación, inicial o asentada, esté llegando a su fin o se haya terminado. Conocer gente para encuentros fortuitos no suele presentar demasiada complicación, puesto que ninguna de las partes espera ir más allá, sin ningún tipo de exclusividad, intimidad o compromiso. Pero cuando se está intentando tener una relación más estable, se invierte un tiempo necesario para conocerse mejor mutuamente y, si finalmente la situación no prospera, queda una sensación de “vacío” e incluso a veces de fracaso o frustración que hay que aprender a reinterpretar y manejar adecuadamente para que no invada la apatía o la falta de ganas por seguir intentándolo.

El “egoísmo sano” en las relaciones de pareja

     La primera reacción que tenemos cuando hablamos de egoísmo es que es algo negativo que debemos evitar para no actuar mal. Un argumento que se suele utilizar es que si algo ha quedado constatado a lo largo del tiempo es que han sido las conductas generosas las que han permitido que hoy estemos donde estamos como especie. Sin embargo, la supervivencia precisamente nos aboca a una especie de “egoísmo sano” necesario para seguir viviendo, pues si no miramos por nuestros intereses, nos irá mal y entonces sí que no estaremos en condiciones de ayudar a los demás.

Llevado al ámbito de las relaciones de pareja, esto nos lleva a uno de los principios que forman la base de cualquier relación: el de reciprocidad (dar y recibir). Es cierto que uno no debe dar exclusivamente para recibir, pero se espera que al dar, algo se reciba (aunque no sea lo mismo o en la misma medida). Una relación, igual que toda acción o decisión, ha de compensar de algún modo. De hecho, muchas veces nos sentimos <<obligados>> (casi por tradición cultural) a recibir lo que se nos da o a corresponder en la misma medida (ej.: está mal visto no devolver un favor, no agradecer un regalo, no dar algo a cambio de lo recibido, nos cuesta mucho decir “no” a alguien”, no invitar a quienes nos invitaron a su boda, etc.). La diferencia está en saber que no estamos obligados y que tenemos derecho a aceptar o no, a devolver o no. Pero es cierto que, en la medida en que algo no nos compense, dejaremos de hacerlo. Por lo que es sano velar por los intereses de cada uno. Para esto suele ser necesario un buen entrenamiento en asertividad (decir lo que uno piensa sin ofender, no permitir que las opiniones de los demás nos ofendan, etc.).

Por otra parte, conviene tener presente que “egoísmo” no es lo mismo que “egocentrismo”. No se trata de hacer <<todo>> para uno mismo, sino de hacer lo que mejor le conviene a uno para que las relaciones sean equilibradas, satisfactorias y beneficiosas para todas las partes implicadas. Se trata de buscar el bienestar o la satisfacción, pero también de saber que no se está obligado a recibir o devolver algo. Todo esto disminuye el estrés, la ansiedad y la frustración al tiempo que aumenta el bienestar y nos da “fuerzas” para afrontar diversas dificultades o situaciones. Aquellas personas que deciden no ser “sanos egoístas” tienen que aceptar vivir más en función de los demás (de sus decisiones, criterios, deseos, opiniones, etc.). Esto no implica que no se deban hacer cosas por el otro, sólo implica que esas cosas se hacen por el bienestar del otro <<y>> de uno mismo (ya sea porque la otra persona nos lo va a devolver de otra forma o porque verle bien me hace sentir bien a mí). Por lo que es igual de importante corresponder al otro (también “sano egoísta”) con gestos cariñosos, atenciones a sus necesidades, etc. Este “egoísmo sano” también ayuda a entender un “no” de la pareja como una expresión sana de lo que necesita en ese momento, sin que signifique un rechazo ni un enfado.

En definitiva, una pareja sana es aquélla cuyos miembros buscan su felicidad <<y>> la de su pareja, sin buscar únicamente su propia satisfacción. Esto implica, pues, “generosidad recíproca” (dar y recibir), pues las relaciones se consolidan con lo que ambos se aportan mutuamente. Y esto cobra especial importancia en las relaciones estables y duraderas. Como se ha dicho, todas las relaciones de pareja evolucionan, pero es preciso seguir cuidándolas. No hay que olvidar las acciones, gestos, palabras, etc. que demuestren a nuestra pareja que la valoramos, admiramos, apreciamos, etc. (ej.: un marido que no da muestras de cariño o afecto a su mujer, aludiendo que “ella ya sabe que la quiere”). Todo cuanto sucede no ocurre en el vacío, sino que tiene unas consecuencias. Y éstas determinarán si la conducta que se ha llevado a cabo se volverá más o menos probable en el futuro. En este sentido, si damos y no recibimos, nos acabamos cansando. Por lo que hay que procurar decir con relativa frecuencia lo que nos gusta del otro y no olvidar esos pequeños detalles, dando muestras de cariño y afecto. Si además lo hacemos en aquellos momentos donde la otra persona hace algo que nos resulta agradable, incrementaremos las probabilidades de que lo haga en un futuro.